El 80% de las exportaciones de México van hacia Estados Unidos y la mitad de los productos que México importa vienen de ese país. En pocas palabras, la economía mexicana depende por completo de EE.UU.

El vínculo tambalea estos días, debido a las amenazas del nuevo presidente estadounidense. Donald Trump promete elevar exponencialmente los aranceles de intercambio de mercancías entre ambos países y renegociar -o incluso cancelar- el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o Nafta, por sus siglas en inglés), que ambas naciones firmaron junto con Canadá en 1994. El TLCAN es un tratado que cambió por completo a la economía de este lado de la frontera.

Sus detractores reclaman que golpeó fuerte a la industria nacional, sobre todo a sectores como la agricultura y pequeños fabricantes. Ejemplo de ello es el maíz: ahora los mexicanos importan una parte de ese producto básico en su dieta. Entre los primeros cuatro meses del año 2016, las importaciones superaron 12.8 veces a las exportaciones, según datos del Banco de México.

Estados Unidos es ahora proveedor del grano más consumido aquí.

Los defensores del TLCAN resaltan que a partir del acuerdo México se convirtió en el primer exportador de manufacturas de América Latina. En los primeros años proliferaron las ‘maquiladoras’, es decir fábricas donde se ensamblan productos de empresas extranjeras o transnacionales. En tiempos recientes, sobre todo desde el inicio de la presidencia de Enrique Peña Nieto (2012), la apuesta viró hacia el sector automotriz: México se convirtió en uno de los diez principales exportadores mundiales de automóviles y las fábricas de grandes marcas se multiplican por el territorio nacional. Hay 15 plantas y planes de construir otras cuatro en cinco años.

Una industria pujante que sin embargo profundiza la dependencia de la economía estadounidense. México fabrica más de tres millones de vehículos por año -3’565.469 autos, camionetas y camiones en 2015- y el 77% de ellos se coloca al otro lado de la frontera. Pero además se estima que los autos ensamblados allí tienen cerca de un 40% de partes y componentes que llegaron importados desde EE.UU.

En situación inversa está el país vecino: no depende de otros porque exporta apenas un 12% de su producción total y de ese volumen un 34% es colocado entre México y Canadá. Capítulo aparte merecen las remesas, el dinero que los mexicanos emigrados envían desde Estados Unidos.

Se trata de un volumen tan importante como para afectar a toda la economía: representa un monto mayor que las exportaciones de petróleo. Entre enero y noviembre de 2016, por ejemplo, las remesas alcanzaron los $ 24 mil millones. El flujo de esos dólares dependerá de la política migratoria del nuevo presidente estadounidense, que se plantea agresiva pero todavía no ha comenzado a aplicarse.

México busca nuevos compradores

Incierto es el futuro, a merced de las decisiones del gobierno encabezado por Trump. Aún no hay medidas concretas pero sí amenazas: imponer un arancel del 20% a los productos mexicanos, llevarlo hasta un 35% en el caso de automóviles –lo cual obligaría a las fábricas a mudarse a EE.UU.- y cancelar de plano el TLCAN.

Tiemblan las grandes industrias mexicanas pero también algunas estadounidenses.

Durante la última semana de enero, 130 compañías de alimentos y asociaciones comerciales enviaron una carta a Trump para exponer los “beneficios” del tratado de libre comercio. Firmaron poderosos consorcios como Cargill Inc. y otros productores de maíz, soya y granos secos de destilería, quienes tienen en México a uno de sus principales mercados y aseguran que sus exportaciones se han cuadruplicado en los últimos años.

En días de tensión y desencuentros diplomáticos con Trump, el gobierno mexicano asegura que alcanzó un acuerdo para renegociar el TLCAN. Sería en mayo cuando se defina el destino del tratado, hasta entonces habrá 90 días de consultas con el sector privado.

El gobierno también lanzó la campaña ‘Hecho en México’ junto a la Confederación de Cámaras Industriales. El objetivo, certificar productos nacionales y promover su consumo en el mercado interno.

Además, México y la Unión Europea acordaron “acelerar” negociaciones para “modernizar” el tratado bilateral de comercio que tienen desde el año 2000.

“Aceleraremos el ritmo de las negociaciones para obtener sus beneficios lo más pronto posible”, anunció el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, después de una teleconferencia con la comisaria de comercio de la UE, Cecilia Malström. Acordaron dos rondas de negociaciones –abril y junio- con reuniones intermedias. Buscan elevar el comercio internacional que en el 2015 fue de $ 62 mil millones, apenas una séptima parte de lo que México compra y vende a EE.UU. (en 2016 fueron $ 270.647 millones en exportaciones y $ 211.848 millones en importaciones).

El bloque europeo se apresta a tomar lo que Trump deja, porque ellos también perderían socios con el proteccionismo estadounidense, ya que tienen en suspenso la continuidad de su acuerdo con ese país (el llamado TTIP). Para México cualquier vía es buena para aminorar el golpe. (I)

Fuente: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/economia/8/el-proteccionismo-de-trump-mantiene-en-suspenso-a-la-economia-mexicana

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