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Los habitantes dicen que anteriormente las autoridades los ignoraban. Hablan de una tala.
“Hemos vivido abandonados toda la vida.   Ninguna autoridad nos tomaba en cuenta.   Recién conocen que existimos.   Ahora, por el florecimiento de los guayacanes somos conocidos a nivel nacional”. Así se pronuncia con énfasis el nonagenario Alfonso Correa, quien habita en la quebrada El Chorro, cerca de Mangahurco, en el cantón Zapotillo.
Al adulto mayor zapotillano, en verdad, no le llama la atención el espectáculo natural porque, según dice, el florecimiento lo viene observando desde su niñez y que ahora acuden hacia el lugar turistas de diferentes partes del Ecuador y del mundo.
Las parroquias Bolaspamba, Mangahurco y Cazaderos, del cantón Zapotillo, son tierras ricas en guayacanes. Alfonso Correa comenta que, años atrás, hubo más, hasta que una fábrica  taló la mayor parte del bosque y se llevó al Perú.  “Hasta hace unos ocho años todavía los negociantes de madera rondaban estos lugares”, recuerda.
El bosque actual tiene árboles recientes y los que aún han quedado deben tener más de 100 años.  “A algunos los conocí desde niño”, precisa.
En la espesura de los guayacanes, que se calcula en más de 40 hectáreas, hay variada fauna como venado blanco de tres, cuatro y cinco cachos, cerdo de campo, aves, entre otras especies.
Felipe Romero, también habitante del lugar, comenta que el florecimiento de los guayacanes es un hecho muy común para los residentes de allí, en vista que eso lo vieron desde la niñez y que fue desde 2012 que la manifestación natural trascendió a nivel provincial, nacional e internacional, gracias al impulso del profesor Afranio Sánchez, quien ha luchado para conservar el bosque.
Felipe Romero explica que el bosque durante todo el año permanece seco y que los turistas que acuden en otros meses ven árboles muertos.  Ello permanece así hasta cuando se produce la primera lluvia con la cual empiezan a brotar pequeños botones que poco a poco se van llenando en las puntas de las ramas hasta que revienta la flor para vestir de amarillo intenso toda la zona.
La floración dura ocho días, pero desde el quinto comienza a caer a tierra formando inmensas alfombras de pétalos amarillos.   Luego a ello brotan las hojas que sirve de forraje para los animales. (JPP-EPS)
Tome nota
La floración  no tiene fecha exacta y todo depende de las lluvias, que pueden empezar en diciembre, enero o febrero.
Fuente: http://lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1102027734/-1/%E2%80%98Saben_que_existimos_por_los_guayacanes%E2%80%99.html#.WJhXOxBCck0

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