Entre 2015 y 2017 las ventas en el sector textil de Ecuador cayeron en 28,4%, afectadas por la desaceleración de la economía del país.

En 2018 las empresas, grandes y pequeñas, empezaron a reflotar y hay buenas expectativas para 2019, aunque todavía no a los niveles estimados.

El análisis de la situación económico-financiera de la industria textil presentado en marzo por la Asociación de Industriales Textiles del Ecuador (AITE) hace una radiografía de las ramas de hilandería, tejeduría y confección, tres de los 10 aspectos de la industria con mayor cantidad de empresas.

Javier Díaz, presidente ejecutivo de la AITE, explica que entre 2012 y 2017 las compañías muestran un buen manejo de su patrimonio, endeudamiento y apalancamiento de sus negocios. Sin embargo, los factores más complejos son los niveles de ventas y las cuentas por cobrar a los clientes.

Díaz argumenta que la contracción del consumo causó que en cinco años la ropa baje del cuarto al octavo puesto, en los productos de preferencia de compra de los ecuatorianos. Además, dos años de inflación negativa y un descenso en la compra pública marcaron la caída de las ventas.

En los últimos dos años estos rubros empezaron a recuperarse, indica Díaz. Sobre todo por un aumento del comercio exterior. “La exportación en 2018 se recuperó con $ 105 millones, pero aún lejos de los $ 200 millones (registrados antes de la recesión)”.

Los altos costos de producción son una constante en las actividades económicas del país. En el caso de las textileras, el análisis determinó que se redujeron.

Si bien algunas empresas invirtieron en tecnología y mejoraron su productividad para optimizar gastos, “lastimosamente también hubo reducción de personal entre 2015 y 2016”, reconoce Díaz.

De hecho, el pleno empleo aún está estancado con 53.000 plazas directas, frente a 140.000 empleos inadecuados, según cifras de la AITE.

Para revertir esta situación, la opción de los empresarios es dinamizar la contratación de personal. Proponen crear normas que permitan contratar personal en función de la demanda y pagar en función de la productividad. “Necesitamos un pacto nacional por el empleo que no viole los derechos”, apunta Díaz.

Otras empresas disminuyeron su producción. Por ejemplo, Enkador, una empresa focalizada en hilatura de filamentos y sintéticos, tomó la decisión de cerrar sus líneas de hilatura y texturizados por la pérdida de competitividad frente a fabricantes de commodities asiáticos y turcos, manifestó Camilo Ontaneda, representante de Enkador.

La firma mantuvo la producción de hilos con valor agregado que se emplean en bordados, overlock, trabajos en cuero, entre otros.

Con 250 empleados abastecen el mercado interno y exportan a Colombia, Perú, Brasil, Chile y países de Centroamérica. Además, promocionar la marca país para incentivar el consumo de productos nacionales es otro desafío. “A pesar de contar con mercadería con los mismos precios y características, la gente aún prefiere lo extranjero”.

Empresas textiles reflotan luego de dos años de crisis

La innovación no se detiene

Otra empresa testigo de la situación del sector es La Esperanza con 20 años en el país.

Elena Vizuete, directora comercial de la confeccionadora, contó que los altos costos de producción perjudicaron sus ventas locales y sus exportaciones a Bolivia, mercado que buscan recuperar.

La empresa no se rinde. Cuenta con el apoyo de un crédito de la Corporación Financiera de Fomento (CFN), para invertir en modernización, maquinaria y un capital de trabajo.

Además, próximamente lanzarán su tienda en línea para vender los excedentes de producción. Emprendedores podrán adquirir los productos a bajo costo. También podrán comprar materia prima o maquinaria para iniciar un negocio.

La Esperanza ofrecerá incluso capacitación y asesoría para acceder a créditos en la banca pública o privada.

Por otro lado, Textil Tech es una nueva empresa que próximamente iniciará sus operaciones en Quito.

Camilo Ontaneda es también gerente de la compañía enfocada en el segmento de no tejidos, es decir, pañitos húmedos, elementos para pañales, colchones, aislamientos, accesorios para autos, entre otros.

Los socios apuestan a esta inversión por tratarse de productos con valor agregado y difíciles de contrabandear.

La competencia en esta área aún es pequeña en el mercado ecuatoriano, dijo Ontaneda, por lo que apuntan a contribuir a la sustitución de importaciones. Además, exportarán sus productos al sur de Colombia.

Las industrias están optimistas de que su recuperación continúe en 2019, aunque consideran que hay un poco de inestabilidad en el mercado.

Sostienen que fomentar las exportaciones, que haya más control en el contrabando y promocionar la industria nacional, permitirá mantenerse en la senda de crecimiento.

Para conocer más sobre la industria textil, la revista DESDE CERO, que circula este unes 1 de abril con diario EL TELÉGRAFO, presenta un reportaje que profundiza en la importancia del sector en la economía del país y en la generación de empleo.(I)


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