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Los controles militares y policiales en el norte de Esmeraldas aumentaron. Mientras tanto, la investigación de los atentados continúa y se extendió a Santo Domingo de los Tsáchilas. Las autoridades buscan más involucrados.

Nadie sospechó de la camioneta azul doble cabina que circulaba por el centro de San Lorenzo la medianoche del 27 de enero pasado. Las cámaras de vigilancia no la registraron cuando se apostó en la calle Los Laureles, en la parte posterior del cuartel policial del cantón esmeraldeño.

A la 01:40 una potente explosión levantó a todos. El balde del vehículo estaba cargado, de acuerdo con la pericia del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) de la Policía, de canecas con amatol, un antiguo y potente explosivo usado en la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que ahora es el arma de la narcoguerrilla de Walter Patricio Arízala o William Quiñónez, alias ‘Guacho’, para cometer atentados en el norte del país.

La investigación de los equipos policiales de Ecuador, Colombia y FBI de Estados Unidos fue minuciosa. En las horas posteriores a la explosión los uniformados rastreaban cualquier pequeña evidencia en la acera, en los escombros de las casas afectadas, en los hierros de los automóviles destruidos y en la maleza.

Su propósito era encontrar la huella del químico que se utilizó como detonante para la bomba.

Esta información fue fundamental para saber qué se usó para fabricar el explosivo y descubrir dónde llegaron los materiales y si ese mismo sistema se empleó en otro atentado, como los de Borbón y Mataje.

Todas las pistas llevan a pensar que en todos los artefactos se utilizaron el mismo componente explosivo y fueron elaborados por las mismas personas.

Aunque la fabricación de estas bombas es considerada doméstica son altamente peligrosas.

Por ejemplo, las dimensiones del foco de la explosión en San Lorenzo demuestran la violencia del ataque.

El reporte indica que se hallaron daños en infraestructuras a 300 metros de distancia desde donde estalló la camioneta.

Desde esa fecha, los vecinos de La Delicia aún no regresan a sus viviendas.

Una de ellas es Martha Cedeño, dueña de un pequeño negocio cerca de donde se produjo la explosión. Ella sigue vendiendo en su tienda de abarrotes, pero su casa tiene daños en el techo y en las paredes.

Hasta el momento las casas más afectadas fueron derrocadas, pero todavía no arranca su reconstrucción.

El informe policial señala que este tipo de artefactos, como la bomba de San Lorenzo, debe ser fabricado por expertos.

Alias ‘Guacho’ en su paso por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) obtuvo conocimientos en explosivos, así lo detallan informes de Inteligencia que resumen los antecedentes del sospechoso.

Responsable de otros atentados

El Ejército colombiano lo hace responsable de una cadena de atentados en Tumaco, departamento fronterizo con Ecuador.

El último de ellos fue el jueves de la semana pasada y dañó la infraestructura de energía eléctrica que afectó a toda la zona.

Mientras que en el país es sospechoso de al menos 12 atentados y agresiones que incluyen el secuestro de un equipo periodístico de diario El Comercio.

Su participación en el ataque al cuartel de San Lorenzo se conoció minutos después de la explosión.

El Servicio de Emergencia ECU-911 recibió más de 20 llamadas de las personas que pedían atención a los heridos y de quienes alertaban del caos que se generaba a esa hora. Pero en una llamada anónima se alertó que el responsable del ataque a los policías fue Guacho’ y que, también, atentaría contra policías y militares.

Esta información es parte de la investigación que realizan equipos especiales de la Policía y de la Fiscalía.

Mientras se siguen las huellas de los hombres deGuacho’, la seguridad sigue siendo una prioridad.

Hasta el momento 22 personas están detenidas y la investigación se extendió a la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas en busca de más sospechosos.

Los controles policiales y militares

Los controles en San Lorenzo son más fuertes. Equipos de policías y militares trabajan juntos para revisar a las personas y vehículos que transitan por las parroquias del cantón esmeraldeño.

En la carretera que a Mataje se montó uno de los operativos, pero ahora la revisión se realiza en el kilómetro tres de la vía y no en el destacamento de la Marina como se hacía antes y que estaba cerca del poblado.

Hace dos semanas se dispuso que nadie entre ni salga de las parroquias de San Lorenzo y Eloy Alfaro desde las 22:00 hasta las 05:00. Esta medida, explicó el alcalde de San Lorenzo, Gustavo Samaniego, serviría para precautelar la seguridad de la ciudad.

Estas acciones permiten además que se frene la circulación de estupefacientes y de artículos que sean usados para los atentados.

Los uniformados tienen la consigna de requisar en detalle los productos que ingrese a la zona fronteriza, por eso el cacheo es minucioso, cada persona es registrada en fotografía y debe justificar la pertenencia de productos con facturas.

El transportista Juan Carlos Villamar aseguró que el comercio fronterizo fue afectado por estas acciones.

Él pidió a las autoridades que brinden las alternativas para las personas que logran su sustento del intercambio de productos colombianos y ecuatorianos.

En el centro de San Lorenzo el control también aumentó. A la entrada del cuartel de la Policía se colocaron sacos de arena, que asemejan a una barrica, para frenar cualquier agresión.

También se impide el paso de cualquier vehículo no oficial por los alrededores del destacamento.

En el lugar los policías piden a los periodistas que trabajen con cautela, más aún cuando tres personas, Paúl Rivas, Javier Ortega y Efraín Segarra, equipo de El Comercio, siguen cautivas. Ellos aseguraron que la ciudad está tranquila, pero siempre se debe estar precavido y dormir con un ojo abierto. (I)

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/judicial/12/amatol-explosivo-atentados-esmeraldas

ferzhr@gmail.com

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