Ricardo Hausmann, fundador y director del Harvard Growth Lab, uno de los centros de pensamiento económico más influyentes del mundo, visitó Ecuador y conversó con LA HORA sobre los principales desafíos estructurales que enfrenta la economía del país.
Hausmann explica por qué no se puede hablar de una década perdida entre 2014 y 2024, identifica los “candados” que frenan el crecimiento, detalla las claves para diversificar la economía y generar empleo de calidad, y defiende que el ajuste fiscal no es una imposición del FMI, sino una necesidad interna para que Ecuador crezca.
P. ¿Por qué dice que Ecuador no tuvo una década perdida entre 2014 y 2024?
No la llamaría una década perdida, porque cuando en otros países se desplomaron los ingresos petroleros, también se desplomó su economía. En Venezuela, por ejemplo, el producto cayó un 75%. En cambio, en Ecuador, aunque se redujo el ingreso petrolero y el crecimiento total fue bajo, la economía no petrolera logró compensar esa caída. Hubo un importante ‘boom’ en sectores como el agrícola y el minero. El turismo pudo haber sido otro motor, pero se vio afectado por la pandemia y la violencia. Aun así, la economía no se quedó estática: hubo esfuerzos que permitieron mantenerla en movimiento
P. Entonces, ¿por qué persiste la sensación de estancamiento, sobre todo en el mercado laboral?
Pasa porque ustedes le han puesto bastantes candados a la economía. Decidieron no producir petróleo en el Yasuní, no permitir el trabajo por horas, tienen un salario mínimo alto y cargas a la nómina que hacen que solo el 30% tenga empleo formal con esa legislación. Otro candado son los controles sobre el sistema financiero. No basta con echarle la culpa al Gobierno de turno. Cuando se le ha preguntado al pueblo, el pueblo ha votado por los candados a la economía. Las sociedades progresan cuando aprenden de lo que no funcionó y Ecuador no ha hecho ese aprendizaje.
P. ¿Cómo se puede generar empleo de calidad y diversificar la economía ecuatoriana?
No se logra por decreto, eso se conquista. Cuando uno decreta tasas de interés bajas o salarios altos, se genera exclusión: solo unos pocos entran al mercado formal y el resto queda fuera. Para diversificarse hay que atraer conocimiento. El conocimiento reside en cerebros. Hay que atraer migración calificada, aprovechar la inversión extranjera directa y conectar con la diáspora. La diáspora es una fuente clave de conocimiento y oportunidades.
P. ¿Cómo puede Ecuador conectarse mejor con su diáspora y aprovechar su conocimiento para el desarrollo?
La diáspora no está muerta, está viva, conectada con el país, y puede abrir muchas oportunidades. No solo envía remesas, también genera contactos y vínculos valiosos. Por ejemplo, hicimos un estudio sobre Albania y descubrimos que exportaba leche a Dinamarca, algo que parecía inexplicable hasta que vimos que un primo del productor estaba en Dinamarca. Lo mismo pasó en Marruecos: su industria de call centers nació porque tenían familiares en Francia. Esas conexiones familiares se pueden transformar en relaciones profesionales, comerciales e incluso de inversión. En varios países hemos trabajado estrategias para dinamizar el vínculo con la diáspora, especialmente con los más capacitados, incluyendo a la segunda generación. En Estados Unidos, por ejemplo, los hijos de migrantes latinoamericanos tienden a alcanzar o superar el promedio nacional en educación y habilidades. Cuando analizamos la diáspora colombiana, encontramos cinco millones de personas en el exterior. Solo el 1% más preparado —unas 50.000 personas— ya representa un talento capaz de transformar el país. Estoy seguro de que si hiciéramos ese mismo ejercicio con Ecuador los resultados serían similares. A veces, basta un gesto. En Albania, organizamos una reunión con la diáspora y simplemente les dimos premios de reconocimiento. Les dijimos: ‘Estamos orgullosos de ustedes’. Nada más. Y eso tuvo un impacto enorme. Muchos se reconectaron emocionalmente con su país y sintieron el deseo de contribuir. Hay casos como el del boliviano Marcelo Claure, un empresario exitoso que hoy está comprometido con ayudar a su país. La diáspora puede ser el mejor agente comercial y productivo de su país de origen. De hecho, hay algo que se llama el ‘mercado nostálgico’. En Estados Unidos, muchos supermercados latinos existen porque los productos que nos gustan no se encuentran en las cadenas tradicionales. Esto también explica por qué uno de los principales mercados de exportación de Ecuador es Estados Unidos: ahí está la mayor parte de su diáspora. Ese vínculo debería aprovecharse mucho más.
P Usted ha dicho que Ecuador necesita más consolidación fiscal. ¿Eso no significa recorte y sufrimiento para la economía y la población?
No. Más consolidación fiscal ayudaría al crecimiento. La gente piensa que el ajuste fiscal es malo para el crecimiento, y en ciertas condiciones lo es, pero en las condiciones en las que ustedes están, más consolidación ayudaría a bajar las tasas de interés, a tener más financiamiento y más crecimiento. La disciplina fiscal debe ir acompañada de una estrategia de crecimiento.
P. Entonces, ¿El ajuste fiscal no es una imposición del FMI?
No. Uno va al Fondo Monetario cuando los demás ya no te prestan. Ir al te permite hacer el ajuste más gradualmente, más suavemente, como si fueras a hacerte una operación con anestesia. El cuento está echado al revés: no es que si vas al FMI sufres, es que estás sufriendo y vas al FMI para sufrir menos.
P. ¿Qué tan importante es mejorar el ambiente de negocios para que Ecuador crezca?
Es vital. Me sorprende la baja inversión extranjera directa y la ausencia de los sospechosos usuales del sistema financiero como BBVA, Santander o Bancolombia. No están porque el marco no es atractivo. Lo mismo con las grandes petroleras. Mejorar el ambiente de negocios permitiría que los actores que pueden transformar al país lo hagan.
P. ¿La Constitución de Montecristi es un obstáculo para el crecimiento?
En América Latina hubo tres constituciones parecidas: la venezolana, la boliviana y la ecuatoriana. Reservarle al Estado ciertos sectores de la economía ha sido un error. Eso limitó la participación del sector privado nacional o extranjero. Fue un error estratégico.
P. ¿Qué rol deberían tener las universidades para apoyar el desarrollo productivo de Ecuador?
Las universidades ecuatorianas han crecido mucho en cobertura: hoy más jóvenes acceden a la educación superior que antes. Sin embargo, muchas aún se ven a sí mismas únicamente como centros docentes, dedicados a impartir clases y a producir artículos científicos para revistas académicas. Eso no está mal, pero es insuficiente si se quiere impulsar el desarrollo productivo del país. Lo que falta es una conexión real entre las universidades y el sector productivo, público y privado. ¿Por qué? Porque los desafíos tecnológicos y de innovación que enfrentan las empresas podrían resolverse mejor si las universidades se convierten en aliadas estratégicas. Para eso se necesita que las empresas inviertan más en investigación y desarrollo (I+D), y que parte de esos recursos vayan a las universidades, permitiéndoles formar equipos especializados que investiguen, analicen problemas reales y propongan soluciones.
Además, es importante entender que el financiamiento para investigación no puede venir de subir matrículas o del presupuesto público asignado para enseñanza. La clave está en que las empresas vean a las universidades como socias valiosas que les ayudan a mejorar su productividad, innovar y competir. Hay ejemplos inspiradores. En Marruecos, la empresa estatal más importante —una minera de fosfatos— creó su propia universidad. Pero no lo hizo solo para formar profesionales, sino para que esa universidad investigue problemas prioritarios de la empresa y forme talento especializado. El resultado: una institución educativa con vínculos muy cercanos al aparato productivo, que ha logrado una calidad comparable con universidades de primer nivel, como el MIT, a pesar de que Marruecos tiene un ingreso per cápita menor que el de Ecuador. Ese es el tipo de integración que Ecuador necesita: universidades alineadas con las necesidades del desarrollo nacional y comprometidas con la solución de problemas concretos.
P. ¿Qué debe cambiar en el chip de los ecuatorianos para que el país crezca?
Hay que cambiar varias cosas, pero una de las más urgentes es dejar de ver el crecimiento económico como algo negativo o sospechoso. Durante años, en América Latina, la palabra ‘crecimiento’ fue casi mal vista. Solo era aceptada si se le ponían adjetivos como ‘sostenible’ o ‘inclusivo’. Y si bien esos matices son importantes, el problema es que sin crecimiento no se puede sostener ninguna agenda de inclusión social, reducción de pobreza o mejora en los servicios públicos. El crecimiento no es un capricho de economistas: es el camino para generar empleos, mejorar ingresos y ampliar oportunidades para todos. Por eso, el país necesita asumir el crecimiento como una prioridad nacional, como un objetivo colectivo que se construye con esfuerzo, innovación y compromiso social. También es necesario superar una cultura muy extendida en la región: la de pensar que todos los derechos deben ser garantizados por el Estado, sin preguntarnos quién tiene el deber de hacerlos posibles. Hay que pasar de una lógica de exigencia pasiva a una lógica de corresponsabilidad: preguntarnos como sociedad cómo vamos a lograr las cosas que queremos. El crecimiento no depende solo del Gobierno. Es el resultado de lo que hacemos todos: los empresarios, los trabajadores, los educadores, los estudiantes, los innovadores, los funcionarios públicos. Si no asumimos ese compromiso colectivo, seguiremos atrapados en lo mismo. En definitiva, el país necesita un cambio de mentalidad: dejar de pensar que las soluciones siempre vienen desde arriba, y empezar a construirlas desde abajo y desde adentro, con una visión clara de hacia dónde queremos ir. (JS)
Fuente: https://www.lahora.com.ec/economia/Ricardo-Hausmann-Ecuador-no-crece-porque-se-ha-puesto-candados-a-si-mismo-20250619-0041.html


