En Ecuador y América Latina, la carne y los huevos que llegan a la mesa provienen, en su mayoría, de sistemas intensivos de producción.

Estos modelos concentran animales en espacios reducidos y sostienen el abastecimiento alimentario, pero también abren un debate sobre salud, ambiente y bienestar animal.

Un modelo que domina la producción

En la región, la producción de alimentos de origen animal se basa en sistemas intensivos. Estos esquemas concentran grandes cantidades de animales en espacios controlados para maximizar la eficiencia y el volumen.

En Ecuador, uno de los principales productores de huevos de la región andina, este modelo se mantiene como eje de la industria avícola. Frente a esta realidad, el Observatorio de Bienestar Animal de España y Compromiso Verde de Perú, realizaron el I Workshop Internacional para Periodistas sobre Bienestar Animal que reunió a comunicadores de Perú, España, Colombia, México, Chile, Bolivia y Argentina.

Condiciones de crianza bajo presión

En estos sistemas, la movilidad de los animales es limitada.

Las gallinas ponedoras, por ejemplo, pueden vivir en jaulas con un espacio equivalente al tamaño de una hoja A4, lo que restringe comportamientos naturales básicos.

Esta condición ha generado cuestionamientos desde el ámbito ético y científico.

Riesgos sanitarios en entornos concentrados

La alta concentración de animales incrementa los riesgos sanitarios.

Durante el taller, los especialistas advirtieron que estos sistemas pueden facilitar la propagación de enfermedades como la gripe aviar y la salmonella.

También se relacionan con fenómenos como la resistencia a antibióticos y la transmisión de zoonosis, lo que impacta directamente en la salud pública .

Impacto ambiental y debate global

El modelo intensivo también genera presión sobre el ambiente.

El manejo de desechos, el uso de recursos y la expansión de la industria alimentaria forman parte de un debate global sobre sostenibilidad.

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