El Viernes Santo es uno de los días más importantes para la Iglesia Católica. En Quito Guayaquil lo vivieron de esa manera. Miles de personas se agruparon en las dos ciudades para participar de la procesión.

Vestidos de cucuruchos, descalzos, cargando cruces y cadenas, los creyentes caminaron por las calles de la capital en señal de gratitud y ofrenda en la procesión de Jesús del Gran Poder.

Llegaron desde varios puntos. Juntos, sin importar el origen. Lo único que querían era vivir una jornada de fe, de esperanza, de amor a Dios y gratitud por lo recibido.

Claro, también hubo quienes fueron con peticiones puntuales como trabajo, salud y hasta suerte. Después de todo, la religión es un refugio de esperanza.

Igual, otros fueron por penitencia. Por ello, caminaron y al mismo tiempo se dieron golpes con correas y ortigas. Era su manera de mostrar arrepentimiento por algún pecado, a lo mejor no confesado.

Así, miles pintaron las calles capitalinas del morado tradicional de los cucuruchos, cargando rosas, cantando y rezando.

En esta oportunidad hubo un nuevo recorrido. La salida fue desde la Plaza de San Francisco tras el toque de dianas y la sentencia. La procesión bajó por la calle Venezuela, giró en la calle Oriente y subió por la Benalcázar.

El Cristo del Consuelo, miles unidos por la fe

La 66 edición de la procesión de Cristo del Consuelo inició a las 7:00. Su recorrido fue Lizardo García y calle A, cruzó el puente de la A, toma Balsas y Buena Fe, hasta la explanada del monumento al Cristo del Consuelo en el Cisne II.

Al igual que en Quito, se vio a miles de personas viviendo su fe. Entre los creyentes había un pedido conjunto: paz.

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