Ecuador tiene en sus manos un atractivo turístico que mueve millones de personas cada año, pero cuyo potencial económico todavía puede crecer: la fe. El Santuario de Nuestra Señora de El Quinche recibe unos 2,5 millones de visitas anuales y ocupa el séptimo lugar entre los principales destinos de turismo religioso de América Latina.

El dato adquiere mayor relevancia cuando se mira el tamaño del mercado. Según la Red Mundial de Turismo Religioso (RMTR), alrededor de 400 millones de personas viajan cada año a destinos de fe en el mundo. De ese total, aproximadamente 80 millones se movilizan por América Latina y el Caribe.

Es decir, la región tiene un flujo equivalente a unos 80 millones de viajes o visitas vinculados con destinos religiosos cada año, una demanda que genera actividad no solamente para iglesias y santuarios, sino también para hoteles, restaurantes, transporte, comercio, artesanías y otros servicios.

“Para Ecuador, la oportunidad es particularmente interesante: ya tiene uno de los destinos que concentra mayor movimiento de peregrinos en la región y, además, cuenta con una amplia red de iglesias, santuarios, celebraciones y patrimonio religioso que podría integrarse en una oferta turística mucho más amplia”, apuntó Pedro Rubio, economista y consultor en inversiones turísticas.

El Quinche, una puerta de entrada para el turismo religioso en Ecuador

El Santuario de Nuestra Señora de El Quinche es el principal activo que aparece en el radar internacional del turismo religioso ecuatoriano.

Con una estimación de 2,5 millones de visitas al año, El Quinche ocupa el séptimo lugar del ranking regional. Está por debajo de destinos de México, Brasil, Argentina, Perú, Colombia y Guatemala, pero por encima de Venezuela, Chile y República Dominicana.

La cifra también muestra que Ecuador no necesita empezar de cero. Existe una demanda masiva que ya llega al país por motivos religiosos.

“El desafío económico consiste en conseguir que una mayor parte de esos visitantes permanezcan más tiempo, visite otros lugares, consuma productos y servicios y distribuya su gasto entre más actividades y comunidades”, recalcó Lorena Méndez, pequeña empresaria turística.

En otras palabras, no se trata únicamente de aumentar el número de peregrinos, sino de aumentar el valor económico de cada visitante.

Una inversión en turismo religioso se multiplica en el resto de la economía

Adrián Lomello, director para las Américas de la Red Mundial de Turismo Religioso, ha sostenido que los grandes acontecimientos o festividades vinculados con la fe pueden tener un importante efecto multiplicador.

En el caso, por ejemplo, de la visita de León XIV a Uruguay, Argentina y Perú, se estima que los recursos destinados a su preparación podrían generar un retorno de hasta seis veces la inversión, además de otros beneficios como el posicionamiento internacional del destino y la movilización de jóvenes.

Como consecuencia de la visita papal realizada en España en junio de 2026, se realizó una inversión conjunta del Estado, el sector privado y la Iglesia de alrededor de 25 millones de euros (unos $29,1 millones) habría generado un retorno cercano a 125 millones de euros ($145,6 millones).

Es decir, aproximadamente cinco euros de actividad económica por cada euro invertido.

“Este ejemplo no significa que Ecuador pueda obtener automáticamente el mismo retorno. Pero sí muestra por qué el turismo religioso puede ser visto como una actividad económica y no solamente como una manifestación cultural o espiritual” , dijo Rubio.

Ecuador tiene un potencial para el turismo religioso que va más allá de El Quinche

El mayor potencial del país está en que El Quinche es solamente una parte de una oferta religiosa mucho más amplia.

Quito, por ejemplo, tiene una ventaja particular. Su Centro Histórico concentra una extraordinaria cantidad de patrimonio religioso y arquitectónico. La ciudad cuenta con iglesias, conventos, monasterios, capillas, museos y espacios vinculados con siglos de historia.

Entre sus principales atractivos están la Iglesia de la Compañía de Jesús, San Francisco, Santo Domingo, la Basílica del Voto Nacional y la Catedral Metropolitana.

Este patrimonio puede ser aprovechado desde varios ángulos: turismo religioso, arquitectura, historia, arte, patrimonio, fotografía, gastronomía y cultura.

“La ventaja es que un turista no tiene que ser necesariamente un peregrino para interesarse por una iglesia histórica. Ese es uno de los puntos que Ecuador podría explotar mejor: ampliar el mercado desde el turismo estrictamente religioso hacia un público interesado en el patrimonio y la cultura” aseveró Méndez.

Del templo al circuito turístico que ofrezca una experiencia completa en Ecuador

El gran desafío consiste en dejar de vender únicamente el lugar de culto y comenzar a vender una experiencia.

La Red Mundial de Turismo Religioso plantea justamente que un recurso religioso, por sí solo, no garantiza una actividad turística exitosa.

Hace falta convertirlo en un producto con:

  • una historia que contar;
  • infraestructura;
  • promoción;
  • comercialización;
  • servicios para visitantes;
  • actividades complementarias.

En este contexto, es clave desarrollar un clúster de actividades alrededor de los lugares de fe, de manera que el visitante pueda conocer, disfrutar y permanecer más tiempo en la comunidad.

Aplicado a Ecuador, esto significa que una visita a El Quinche podría integrarse con gastronomía, artesanías, patrimonio, naturaleza y otros atractivos de Pichincha.

El mismo modelo puede aplicarse a otros santuarios y celebraciones religiosas del país.

Ecuador puede convertir la fe en una ruta turística que conecte al país

Ecuador podría avanzar hacia la creación de circuitos de turismo religioso que conecten diferentes ciudades y provincias.

Quito podría funcionar como uno de los principales puntos de entrada gracias a su patrimonio histórico y religioso.

El Quinche podría ser el gran referente de la peregrinación mariana en Pichincha.

Loja podría incorporar al Santuario de El Cisne, uno de los principales centros de peregrinación del país.

A ellos podrían sumarse otras iglesias, santuarios, fiestas patronales, procesiones y celebraciones tradicionales.

El producto final no tendría que limitarse a una visita religiosa. Podría combinar:
religión + patrimonio + historia + gastronomía + naturaleza + artesanías.

Así, un visitante que inicialmente llega por motivos religiosos podría terminar recorriendo varios destinos del país. (JS)

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