Ecuador parece a simple vista un país de emprendedores. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 1’173.985 empresas constan en sus registros oficiales. Dentro de ese total, 600.000 están inscritas en el régimen Rimpe de emprendedores y negocios populares.
Sin embargo, el último informe de Inclusión Financiera del Banco Central del Ecuador (BCE) revela una realidad incómoda: la mayoría de las empresas no está realmente incluida en el sistema financiero y opera sin crédito, sin ventas sostenidas y sin capacidad de crecer. La economía que reflejan estos datos no es dinámica ni productiva, sino fragmentada, informal y de baja escala.
Al tercer trimestre de 2025, solo 197.223 empresas tenían algún producto financiero formal, es decir, menos del 17% del total de los negocios que existen en el país.
Estas compañías concentran 371.685 cuentas de uso frecuente, principalmente cuentas corrientes y de ahorro. El acceso al crédito productivo se concentra, además, en segmentos específicos: crédito Productivo Corporativo y tarjetas de crédito, productos a los que acceden sobre todo empresas medianas y grandes. Para el resto, micro y pequeños negocios, el financiamiento sigue siendo la excepción.
Este dato contrasta con la estructura empresarial del país. Según el INEC, solo 133.124 empresas reportaron ventas reales el último año, apenas una de cada diez. Más de la mitad de las empresas no registra ventas, ni empleados, ni comercio exterior.
Son negocios inscritos por obligación legal o tributaria, no por actividad económica comprobable. En ese contexto, la baja inclusión financiera empresarial no es una anomalía: es el reflejo de un tejido productivo frágil y de supervivencia.
“Desde un taller de costura en Riobamba hasta una aplicación de servicios en Guayaquil, emprender en Ecuador sigue siendo un acto de fe. La mayoría de los negocios nace sin capital de trabajo, sin historial crediticio y sin acceso a financiamiento formal. Operan con ahorros personales, préstamos familiares o crédito informal. El sistema financiero, aunque amplio en cobertura, no logra convertirse en un socio del emprendimiento”, explicó Carla Morales, economista.
Ecuador: una economía de cuentas, no de crédito
La paradoja se amplía cuando se observa la inclusión financiera de las personas. Ecuador muestra cifras altas en acceso a productos financieros: al tercer trimestre de 2025, 11,3 millones de adultos (89,1% de la población) tenían al menos un producto financiero. De ellos, 10 millones usan cuentas de forma frecuente, principalmente cuentas de ahorro y corrientes. La bancarización, medida en tenencia de productos, es casi universal.
Pero esa inclusión no se traduce en acceso al crédito. Al tercer trimestre de 2025, solo 3,7 millones de personas tenían un crédito vigente, equivalente al 29,4% de la población adulta. En otras palabras, dos de cada tres ecuatorianos están fuera del financiamiento formal. Pueden ahorrar, recibir transferencias o cobrar su sueldo, pero no financiar una vivienda, un negocio o una inversión productiva como un emprendimiento o su microempresa de subsistencia.
“El país ha logrado una amplia penetración de productos financieros, pero el crédito sigue siendo el componente más rezagado de la inclusión financiera”, señala Sebastián Angulo, periodista y analista económico independiente. A su criterio, esto evidencia que “los desafíos de profundidad financiera continúan, especialmente para quienes quieren producir y crecer”.
Las cifras también muestran brechas persistentes por género. Las mujeres tienen mayor presencia en cuentas de ahorro y depósitos a plazo, mientras que los hombres concentran una mayor participación en créditos y cuentas corrientes. Incluso cuando acceden al financiamiento, ellas lo hacen principalmente a través de microcréditos de menor monto, lo que limita la escala y sostenibilidad de sus actividades económicas.
El resultado es un sistema financiero que administra dinero, pero financia poco. Un país con millones de cuentas, pero con pocas empresas apalancadas, poca inversión productiva y bajo crecimiento empresarial.
Cómo abrir el crédito en Ecuador: reformas para incluir a más personas y empresas
El acceso al crédito formal en Ecuador puede ampliarse si el sistema financiero reconoce mejor el riesgo real de cada cliente. Una de las soluciones es reformar el esquema de techos a las tasas de interés, que hoy limita la capacidad de bancos y cooperativas para atender a personas y empresas sin historial crediticio o con ingresos informales. Un sistema de tasas más técnico permitiría ofrecer crédito a segmentos hoy excluidos, en lugar de empujarlos al financiamiento ilegal.
Otra propuesta clave es crear un segmento de crédito de inclusión financiera, con tasas que reflejen temporalmente el mayor riesgo. Este mecanismo permitiría a miles de ecuatorianos construir historial crediticio y, con el tiempo, acceder a mejores condiciones. El propio acuerdo con el FMI recomienda este enfoque como una vía para ampliar la base de sujetos de crédito y reducir la dependencia del chulco.
El fortalecimiento de los fondos de garantías crediticias es otra herramienta para destrabar el crédito, especialmente para mipymes y familias que sí tienen capacidad de pago, pero carecen de garantías suficientes. A esto se suma la necesidad de digitalizar procesos y modernizar los sistemas de información crediticia, incorporando datos alternativos que reflejen mejor el comportamiento financiero real de los clientes.
Finalmente, la inclusión financiera requiere una acción coordinada entre el Estado, la Junta Financiera, el Banco Central y la banca privada. Estudios nacionales e internacionales ya muestran que el actual sistema de tasas restringe el crédito y alimenta el crecimiento del financiamiento ilegal, con tasas de hasta 1.200% al año. (JS)


