En el papel, 2025 fue un buen año para la economía ecuatoriana: el crecimiento rondó el 4%, los ingresos mejoraron y varios indicadores macroeconómicos mostraron recuperación. Sin embargo, en la vida cotidiana la sensación es otra. Para la mayoría de ecuatorianos, llegar a fin de mes sigue siendo un desafío al inicio de este 2026.

Una encuesta de Click Report revela que el 56,09% de las personas dice que su ingreso mensual le alcanza con dificultad para cubrir los gastos básicos, mientras un 30,78% asegura que simplemente no le alcanza.

A esto se suma un dato clave: el 69,54% está preocupado o muy preocupado por el costo de la vida. La recuperación económica, en otras palabras, no se traduce en bienestar real.

Ahorrar en Ecuador es un ejercicio cuesta arriba

La razón de fondo está en la estructura de los ingresos. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la mitad de los ecuatorianos con empleo, tanto formal o informal, gana menos de $391,9 al mes, un monto que apenas cubre lo esencial.

Con ingresos tan ajustados, el ahorro se vuelve un lujo. Y los datos lo confirman. Una encuesta de hábitos financieros realizada por Equifax Ecuador muestra que el 22,6% de los ecuatorianos no destina absolutamente nada de dinero al ahorro anual, es decir, más de dos de cada diez personas viven completamente al día, sin ningún colchón para emergencias.

Pero incluso entre quienes sí logran ahorrar, los montos son muy bajos: el 47,2% ahorra como máximo hasta $ 2.000 al año:

  • 17% entre $1 y $500
  • 13,2% entre $501 y $1.000
  • 17% entre $1.001 y $2.000

En total, casi 7 de cada 10 ecuatorianos no ahorra nada o ahorra hasta $2.000 al año, una cifra insuficiente para enfrentar una enfermedad, el desempleo o cualquier gasto inesperado. La encuesta, aplicada a personas de entre 18 y 50 años, revela una fragilidad financiera estructural que persiste incluso en años de crecimiento económico.

Dos tercios de los ecuatorianos tienen menos de $10.000 en patrimonio: la fragilidad silenciosa de la clase media

El problema no es solo la falta de ahorro, sino la debilidad estructural del patrimonio de los hogares ecuatorianos, es decir, la escasa acumulación de activos que permitan a las personas generar riqueza, invertir o resistir crisis económicas.

De acuerdo con el Informe de Riqueza Global de Credit Suisse, el 63,7% de los adultos en Ecuador tiene un patrimonio neto menor a $10.000, una cifra que incluye bienes, ahorros e inversiones menos las deudas.

“En la práctica, esto significa que casi dos tercios de la población adulta no posee activos suficientes para emprender, invertir, financiar educación, mejorar su vivienda o enfrentar un período prolongado de desempleo”, explicó Andrés Rodríguez, economista.

La comparación regional es reveladora: en economías más estables y productivas, como Chile y Uruguay, el porcentaje de adultos con patrimonio inferior a $10.000 se mantiene por debajo del 40%, lo que refleja una clase media más sólida y con mayor capacidad de inversión.

En Ecuador, en cambio, incluso la clase media es frágil y vulnerable. La mayoría de los hogares concentra su patrimonio en un solo activo, generalmente la vivienda, carece de inversiones diversificadas, no tiene fondos de emergencia ni seguros, y depende del crédito para cubrir gastos cotidianos.

Más de la mitad de los ecuatorianos recurre a préstamos o tarjetas para llegar a fin de mes, lo que impide acumular riqueza y genera un ciclo permanente de endeudamiento y consumo, en lugar de uno de ahorro e inversión.

“Esta estructura hace que cualquier shock, como enfermedad, pérdida de empleo, caída de ingresos o crisis económica, destruya rápidamente años de esfuerzo familiar”, apuntó Lorena Mendoza, economista y docente.

Las razones de fondo de esta situación son estructurales y se arrastran desde hace décadas.

1.- La economía ecuatoriana genera poco empleo productivo y estable: una alta proporción de la población trabaja en la informalidad o con ingresos por debajo del salario básico, lo que reduce la capacidad de ahorrar e invertir.

2.- El país tiene bajos niveles de productividad, debido a la limitada inversión en tecnología, innovación y capacitación, lo que mantiene los salarios estancados.

3.- La escasa educación y cultura financiera dificulta que los hogares planifiquen, diversifiquen sus ahorros o utilicen instrumentos formales de inversión, incluso cuando tienen ingresos suficientes.

4.- Un Estado grande pero poco eficiente, que absorbe recursos sin traducirlos en servicios públicos de calidad ni en infraestructura que impulse la productividad privada, y una economía poco abierta al comercio y a la competencia, que limita la inversión, el crecimiento de las empresas y la generación de empleos mejor pagados.

“El resultado es una paradoja persistente: Ecuador puede crecer en cifras macroeconómicas, pero no logra transformar ese crecimiento en prosperidad sostenible para sus ciudadanos”, concluyó Rodríguez. (JS)

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