El mal sabor que deja la historia de la paz

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La firma de la paz, de hace 22 años, dejó un sinsabor en sus protagonistas, pero el conflicto terminó.

Los aviones de guerra ‘descansan’ en los hangares. Los fusiles de combate reposan en los rastrillos militares. Las granadas de combate llevan aún el seguro puesto.

Hace 22 años los vientos de guerra ya no soplan por estas tierras. En la frontera sur, los estallidos de bombas y ráfagas de disparos quedaron ‘sepultados’ bajo las minas personales.

Un día como hoy, pero en 1998, el expresidente de Ecuador, Jamil Mahuad, y el expresidente de Perú, Alberto Fujimori, le pusieron fin a un conflicto limítrofe arrastrado por más de cinco décadas. El evento se celebró en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasilia (Brasil).

Sin embargo, la historia aún deja un mal sabor de boca. El acuerdo firmado ratificó el protocolo de Río de Janeiro, que estableció que el límite de las dos naciones era marcado por la Cordillera del Cóndor.

Antes de la firma, Ecuador no estaba de acuerdo, pues se argumentaba que la frontera no coincidía con una realidad geográfica. Finalmente, el arbitraje internacional le dio la razón a Perú.

Carlos Landázuri, historiador, reconoce que el 26 de octubre de 1998 no es una fecha feliz para recordar. Sin embargo, aclara que suscribir la paz fue el mejor camino para que Ecuador defina sus fronteras, algo que, según dijo, para cada Estado es indispensable.

Las opciones

El catedrático afirma que el país tenía dos opciones: mantener la beligerancia con el Perú o reconocer la realidad, no necesariamente justa.

El primer caso hubiera obligado a otro conflicto armado, sostuvo el académico. En ese entonces la nación no hubiera podido salir airosa de otra guerra, pero además, no hubiera recibido el apoyo de los países de la región.

“La parte más difícil fue vender, por así decirlo, al pueblo ecuatoriano. No había más remedio”, mencionó.

 

Acuerdos

Varios acuerdos entre Ecuador y Perú llegaron con la firma de la paz. Estos compromisos estuvieron relacionados con el comercio, integración en frontera, libertad de tránsito peatonal, vehicular, embarcaciones fluviales y aeronaves. Para Landázuri, aquello se puede considerar como beneficioso.

“No había nada más que hacer, la firma de la paz fue un acto adecuado y patriótico. Tuvimos que reconocer la realidad, expresada por el protocolo de Río de Janeiro”, concluyó.

 

No es una fecha feliz, pero sí una fecha real. Reconocer la realidad es siempre bueno”, Carlos Landázuri, historiador y catedrático de la Universidad Andina Simón Bolívar.

Firma de la paz 1998.

Protagonistas del Acuerdo

 

Fernando Enrique Cardoso (Brasil).
Carlos Menem (Argentina)
Eduardo Frei (Chile)
Tomás MacLarty (representante de Bill Clinton EE.UU.)
Hugo Bánzer (Bolivia)
Andrés Pastrana (Colombia)
César Gaviria (Secretario de la OEA)
Cardenal Darío Castrillón Hoyos (representante Juan Pablo II)

 

 

“No merecíamos lo que Mahuad hizo, debe ser condenado por traición”

Una promesa es la que mantiene en pie a Carlos Calles y Mariana Lascano. Luego de años de llorar a su hijo Giovanni Calles, el oficial del Ejército que murió en manos de soldados peruanos en el conflicto del Cenepa, pocos días después de izar la bandera ecuatoriana en Tiwintza demostrando que era territorio nacional, ellos prometieron no volver a hacerlo.

Ellos decidieron guardarlo en su corazón y en su memoria con dolor, pero con orgullo. Dos sentimientos encontrados que han formado parte de esta familia desde el 21 de febrero de 1995 cuando recibieron la peor noticia de sus vidas: el último de sus tres hijos había muerto supuestamente por la esquirla de una granada en la guerra del Cenepa.

Veinte y cinco años después todavía no existe una versión oficial de su muerte por lado ecuatoriano. Solo un correo electrónico de “Lancero”, un soldado peruano que años después de la muerte de Govanni, le escribió a su padre para pedirle perdón. Su versión concuerda con la de Ecuador hasta el momento en que hubo el choque y el enfrenamiento de las patrullas. La granada explotó y una esquirla alcanzó al teniente. Luego, dice “Lancero”, desarmaron al oficial y a menos de un metro de distancia le dio un tiro en el corazón y lo mató.

En su misiva se muestra arrepentido y al preguntarle a Carlos si algo así se perdona, dice que solo Dios puede perdonar algo así. Él tan solo le pidió al soldado peruano ya retirado, que hago lo que Giovani ya no pudo, cuidar de sus hijos y su familia.

Al momento de su muerte Giovani dejó dos niños, uno de 3 años y una nena de 11 meses, en la orfandad, a sus padres destrozados la vida y al Ecuador un sentimiento de pertenencia y amor propio.

“Perdí a mi hijo y a mis dos nietos, pues se fueron a vivir en el extranjero luego de la muerte de su padre. Mahuad debe ser condenado por traición a la Patria, no merecíamos lo que hizo” asegura Carlos, un padre al que la muerte de su hijo le dolerá hasta el final de sus días.

El 21 de febrero fue designado como el día del héroe nacional en honor al oficial caído, también hay una avenida, una escuela de capacitación en el Coca y un reservorio de agua en Tulcán con el nombre de Giovani. Pero más allá de estos homenajes lo único que Carlos pide al país es que el nombre de su hijo jamás se olvide.

“Ecuador merecía más”

Dos meses y 18 días pasaron luego de que Jamil Mahuad asumiera la Presidencia para firmar el acuerdo de paz con su par de Perú, Alberto Fujimori.

El exmandatario ecuatoriano contó que luego de ser posesionado como mandatario, el 10 de agosto de 1998, el mando militar le informó que cuatro días después las tropas peruanas planeaban invadir el país.

22 años después, Mahuad reconoció que las condiciones en que se suscribió el fin del conflicto no fueron las esperadas. “Hubiésemos todos aspirado al acceso soberano al Río Amazonas”, dice.

Sin embargo, la otra opción era iniciar otra guerra para la que Ecuador no estaba preparado. Los aviones bielorrusos que tenía Perú, convertía a su fuerza aérea en la mejor equipada de Sudamérica.

Mahuad asegura que, al momento de firmar la paz, sí pensó en los soldados que pelearon para que Tiwintza se quede en suelo ecuatoriano, pero agrega que también se le vinieron a la mente las madres de los soldados que hubieran tenido que concentrar si se presentaba otra guerra, que seguramente la perdería Ecuador.

“La historia deja un mal sabor de boca”, expresó. Esto, pues al final Ecuador no obtuvo lo que quería, tampoco lo que merecía, solo que era necesario.

Indignación, impotencia y consuelo

“Al final fue muy doloroso ver que el lugar que yo defendí, en donde estuve a punto de dar la vida, pasó a territorio peruano. Fue un dolor e indignación muy grande”. Estas son las palabras del teniente coronel, Jaime Castillo, excombatiente de la guerra del Cenepa.

Ese sentimiento de tristeza, dice, logró superarlo con cabeza fría, cuando asimiló que el Ecuador estaba viviendo, luego de mucho tiempo, una época de paz. “El precio que se pagó fue muy caro”, expresa.

El oficial recuerda que durante la guerra, a sus 25 años, era subteniente del Ejército. Comandaba una patrulla de combate que operaba en el sector de Etza. En medio de un enfrentamiento, Castillo perdió su pierna derecha luego de pisar una mina antipersonal. En su conmoción, recuerda, pensó que su carrera militar estaba perdida y que el explosivo se llevaría su vida deportiva.

Ahora, continúa sirviendo al país en las Fuerzas Armadas, con funciones en el Comando de Educación y Doctrina Militar Terrestre, en Sangolquí.

“El país nos ha olvidado”

La gesta de batalla de 1995, le trae una mezcla de sensaciones al sargento primero, Carlos Cervantes. Él era soldado cuando se adentró al histórico combate.

A él le apena no poder llamar suyo al terreno donde vio a compañeros morir, perder extremidades y sufrir la inclemencia de la guerra. “Me hubiese gustado ir con mi familia a hacerles conocer donde se dio el conflicto, donde estuve yo defendiendo nuestra patria”, expresa.

A sus 22 años, pertenecía a la Compañía de Operaciones Especiales 19, acantonada en la Brigada Selva 19 Napo.

Ahora, Cervantes cree que el país los ha olvidado. Su percepción es que los combatientes no son reconocidos como se merecen desde la población y el mismo Gobierno. “Conforme pasaron los años el país nos ha olvidado. Cada 26 de enero, fecha en que se dio la gesta heroica del Cenepa, debería festejarse como en 1995”, comenta.

Fuente: https://lahora.com.ec/noticia/1102331229/el-mal-sabor-que-deja-la-historia-de-la-paz

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