En Ecuador, la seguridad social tiene un problema estructural que ya no admite maquillaje: solo alrededor del 40% de la Población Económicamente Activa (PEA) está afiliada al IESS. El otro 60%, más de cinco millones de personas, vive y trabaja fuera del sistema que, en teoría, debería protegerlos en salud, vejez e invalidez.
Pero ese 60% no es homogéneo. Es, en realidad, el reflejo más crudo de la desigualdad del mercado laboral ecuatoriano.
Por un lado, más de dos tercios de los no afiliados son trabajadores informales de ingresos bajos e inestables. Según el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), el ingreso laboral promedio apenas alcanza los $470,5 mensuales en mujeres y $514,9 en hombres.
Para este grupo, afiliarse al IESS no es una decisión ideológica ni de desconfianza: simplemente no pueden pagarlo con las condiciones y requisitos actuales.
Por otro lado, el tercio restante está compuesto por trabajadores independientes formales, con RUC, que facturan, pagan impuestos y, en muchos casos, tienen ingresos superiores al promedio. Son freelancers, profesionales, consultores y pequeños emprendedores. Este grupo sí puede afiliarse, pero en general no quiere hacerlo. Desconfía de la sostenibilidad del sistema de pensiones y rechaza pagar por un seguro de salud que percibe como deficiente.
Esta fractura explica por qué la cobertura del IESS sigue estancada.
El dilema de fondo: o más afiliados al IESS hoy o más pobreza mañana
La comisión técnica que durante el Gobierno de Guillermo Lasso elaboró un anteproyecto de reforma al sistema de pensiones fue clara: alrededor de 3,3 millones de personas transitan continuamente entre la formalidad y la informalidad, sin lograr acumular los años mínimos de aporte para jubilarse.
El resultado es previsible: en la vejez, terminan dependiendo de pensiones asistenciales antipobreza del MIES, financiadas por impuestos generales.
Por eso, la comisión planteó un sistema de tres pilares:
- Dos contributivos (reparto del IESS y ahorro individual),
- Y uno no contributivo, focalizado en adultos mayores vulnerables.
Pero hay una condición clave: para que el Estado pueda destinar más recursos al pilar no contributivo, primero debe lograr que más personas que sí pueden aportar entren al sistema contributivo. Y eso exige cambiar la lógica actual.
Qué pasaría si no se hace nada con el IESS: el escenario de la inercia
Si Ecuador mantiene el esquema actual, altos aportes mínimos, poca flexibilidad y desconfianza, el crecimiento de la afiliación será marginal.
De acuerdo con Roberto Ruiz, economista y actuario, en un escenario de inercia, los efectos se verían en el corto plazo (2 a 3 años): incluso asumiendo que algunos independientes se afilien de forma espontánea, la cobertura apenas subiría del 40% al 41,6% de la PEA. En números absolutos, eso significa apenas 140.000 afiliados adicionales.
Es el peor de los mundos: el sistema no se fortalece y la presión fiscal futura aumenta.
Flexibilidad y beneficios para que más personas se afilien voluntariamente al IESS
¿Qué ocurre si el país adopta reformas liberales, concretas y políticamente viables?
1. – Aportes proporcionales al ingreso real para trabajadores informales. Hoy, incluso la afiliación voluntaria exige aportar sobre una base mínima cercana al Salario Básico Unificado. Para alguien que gana entre $300 y $450 al mes, la realidad de buena parte de la informalidad, esto implica destinar entre el 15% y el 20% de su ingreso, algo simplemente inviable.
En este contexto, se podría crear un esquema de aportes escalonados, directamente vinculados al ingreso real del trabajador, con tramos claros y simples.
Ejemplo ilustrativo:
- Ingresos hasta $300 → aporte reducido y cobertura básica.
- Ingresos entre $300 y $500 → aporte intermedio.
- Ingresos superiores → aporte pleno.
El objetivo no es que todos aporten lo mismo, sino que todos aporten algo, y que ese algo cuente para salud y para una pensión futura, aunque sea proporcional.
2.- Incentivos tributarios a la afiliación. Para muchos independientes formales, afiliarse al IESS es visto como un “costo muerto”: pagan impuestos por un lado y aportes por otro, sin una percepción clara de retorno.
La propuesta es convertir la afiliación en una decisión financieramente inteligente, no solo en un deber moral o legal.
Para eso, se podría ofrecer la deducción total o parcial en el pago de impuestos, créditos tributarios aplicables a ejercicios futuros; e incentivos temporales para nuevos afiliados (por ejemplo, mayor deducción los primeros años).
Con esto se reduce el costo neto de aportar; alinea intereses fiscales y previsionales y hace que el IESS compita con otros instrumentos de ahorro privado.
3.- Separación entre pensiones y seguro de salud para independientes con cobertura privada. Muchos profesionales independientes ya pagan un seguro privado de salud. Obligarles a pagar también el seguro del IESS genera rechazo inmediato, incluso si están dispuestos a ahorrar para su jubilación.
La propuesta es permitir que los independientes aporten al fondo de pensiones; pero puedan excluir el componente de salud si demuestran cobertura privada activa.
Así, se reduce el aporte mensual efectivo y se elimina uno de los principales motivos de no afiliación. Este punto es clave para atraer al segmento de ingresos medios y altos
4.- Esquemas de entrada gradual al sistema del IESS. La afiliación al IESS es “todo o nada”: o cumples con todos los requisitos y aportes, o quedas fuera. Eso expulsa a quienes tienen ingresos irregulares.
La propuesta es permitir una entrada progresiva, con reglas claras: Primeros años: aportes bajos y cobertura limitada; años siguientes: aumento gradual de aportes y derechos; y reconocimiento de aportes discontinuos
¿Qué se lograría con estas medidas? Según Ruiz, los efectos completos se observarían de forma clara en un horizonte de 3 a 4 años.
Si apenas el 10% de los trabajadores informales logra afiliarse y el 20% de los independientes formales decide entrar al sistema, el IESS sumaría al menos 700.000 nuevos afiliados. La cobertura subiría al 48% de la PEA.
“No es una revolución, pero sí un cambio estructural: ocho puntos adicionales de cobertura, sin coerción fuerte y con un costo fiscal manejable”, apuntó Ruiz.
Si a esto se suma, una reforma en el sistema de salud, que incluye una atención más eficiente y universal con apoyo privado, los resultados a 6 y 10 años serían mayores
Si solo el 20% de los informales logra incorporarse y el 35% de los independientes formales se afilia, el resultado sería 1,3 millones de nuevos afiliados y una cobertura cercana al 55% de la PEA.
Ecuador se acercaría, por primera vez, a los niveles de cobertura de países de ingreso medio-alto de la región. (JS)


