Profundas grietas, ramajes caídos, piedras sueltas, lodo, falta de señalética y una serie de derrumbes y accesos sin atender configuran el panorama actual de la Ruta de la Cascarilla, el emblemático sendero ecológico que conecta la zona sur de la ciudad con la entrada al Parque Nacional Podocarpus.

Este trayecto, que solía ser un imán para el ecoturismo y el deporte, hoy se encuentra físicamente interrumpido. Quienes ingresan desde la Universidad Nacional de Loja por el margen izquierdo se topan con tramos cortados y una total ausencia de señalización preventiva, lo que transforma este espacio en un callejón sin salida inseguro para peatones y ciclistas.

La crítica situación de este sendero es el reflejo directo de la falta de atención por parte de las autoridades. A pesar de los constantes oficios remitidos por la comunidad, el sendero y vía que une los sectores de La Argelia, Capulí, San Gerardo y Caxarumi carece de mantenimiento técnico, dejando desprotegido un corredor clave para el desarrollo turístico deportivo y social.

Impacto socioeconómico y aislamiento en el barrio Quillollaco
Las consecuencias colonizan de inmediato la cotidianidad del sector rural, afectando de forma drástica al barrio Quillollaco. Los pequeños productores agropecuarios no disponen de rutas alternas seguras para sacar su producto hacia los mercados principales de la ciudad. De igual manera, el encarecimiento de la vida se agudiza ante la negativa del servicio de taxis de ingresar a la zona debido al pésimo estado del suelo bituminoso, lleno de baches y zanjas peligrosas que dañan los automotores.

Carmen Medina, presidenta del barrio Quillollaco, enfatizó a LA HORA que la última intervención integral en esta red de conectividad estatal data de la administración del fallecido ex alcalde Jorge Bailón. Desde entonces, la desatención institucional ha obligado a los vecinos a afrontar situaciones extremas durante la temporada invernal, cargando víveres al hombro para abastecer a sus hogares.

«Este sendero se lo mantenía anteriormente, pero en la actualidad está todo abandonado… Hemos venido pidiendo al Municipio, pero nos han hecho caso omiso. No nos arreglan hasta el día de hoy. Muchas de las veces que ha habido las acrecentadas, las inundaciones, nos hemos quedado sin acceso a nuestro barrio. Entonces, ¿qué tenemos que hacer? De abajo de La Cascarilla, teníamos que cargar nuestros alimentos al hombro y venir hasta llegar a nuestro domicilio», acota Medina.

Autogestión económica de sus moradores
Frente a la parálisis de la administración municipal, la comunidad ha tenido que recurrir a la autogestión económica para no quedar completamente incomunicada. Tras el deslave de gran magnitud registrado el 17 de marzo de 2021, que destruyó la mesa de la vía en dos tramos, y el subsecuente desprendimiento del pasado 11 de marzo del año en curso, la ayuda institucional brilló por su ausencia. Los moradores y los padres de familia de la escuela del sector costearon de sus propios bolsillos maquinaria pesada privada —a un valor de 50 dólares la hora— para encauzar quebradas y limpiar el paso.


Marina Alvarado, moradora del sector, expone el malestar generalizado de los residentes, quienes continúan cancelando puntualmente sus obligaciones fiscales en las ventanillas municipales sin recibir contraprestación alguna en servicios básicos o vialidad.

«Desde el 2021 que hubo el primer deslave en marzo… nunca tuvimos el apoyo de ninguna institución. Con esfuerzo de la comunidad, poniendo el dinero, se ha pagado maquinaria y a pulso de hombro, de mano de todos los moradores, se ha rehabilitado la vía. Volvió a pasar este año el 11 de marzo… los padres de familia tuvieron que hacer mingas, ellos también poner plata de su bolsillo para pagar una hora de máquina, usted sabe que cuesta $50 la hora de la máquina, para que encaucen una parte del cauce de la quebrada».

De pulmón deportivo al olvido recreativo
Además de la crisis de movilidad, el abandono de la Ruta de la Cascarilla clausura las proyecciones recreativas de la capital lojana. La zona, que en el pasado fue sede de destacadas competencias de ciclismo de montaña y atraía a cientos de familias hacia la cascada local durante los fines de semana, ha experimentado un drástico desplome en la afluencia de visitantes. El riesgo de accidentes y el progresivo daño que sufren los equipos deportivos debido a la irregularidad del terreno ahuyentan el flujo turístico.

Diego Cabrera, ciclista lojano, recuerda con nostalgia los eventos competitivos en los que participó dentro de este circuito natural y recalca cómo las deficiencias del sendero terminan anulando un valioso activo ecológico y turístico de la ciudad. «Yo he constatado que no hay unión de este sendero con la parte superior que sale a Podocarpus. Desde la entrada por la Universidad Nacional de Loja, por la parte izquierda que anteriormente se ingresaba, ahora no hay paso. No se pone ni señaléticas para decir que no se puede ingresar al sendero… Lamentablemente este lugar ha estado abandonado por años. Anteriormente recuerdo que aquí se hacían competencias de ciclismo en donde yo también participé y lamentablemente este lugar ha quedado en el olvido», enfatiza.

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