Cada año, según el último informe del Banco Mundial bajo el título de ‘Política industrial para el desarrollo: enfoques en el siglo XXI’, Ecuador destina cerca del 4,9% del PIB en incentivos a empresas, de los cuales 4,8% corresponde a exenciones tributarias y apenas 0,2% a financiamiento directo. Esto es más de $6.500 millones al año en beneficios tributarios.

En la práctica, esto significa que la política industrial y productiva ecuatoriana se ha construido casi exclusivamente sobre un instrumento: renunciar a recaudar impuestos con la expectativa de que el sector privado invierta más y contrate más trabajadores.

Mientras, por el otro lado, como ya publicó LA HORA, menos de 2 de cada 10 empresas acceden a financiamiento.

A pesar de los miles de millones en exenciones al año, los resultados no se ven, de acuerdo con el Banco Mundial

La pregunta clave es: ¿por qué no funciona como se esperaba?

1.- Los incentivos en Ecuador no impulsan inversión: solo compensan fallas estructurales

El economista y exdirector del Servicio de Rentas Internas (SRI), Francisco Briones, explica que en Ecuador los incentivos tributarios son solo compensaciones que cubren una serie de otras ineficiencias.

Por ejemplo, existen gastos extras empresariales por el sistema rígido de contratación, por el alto costo de los insumos locales, inseguridad, falta de infraestructura, regulaciones y tramitología.


“Son algunas cosas que te generan pérdida de competitividad y no deberían existir; pero como no los eliminas, en compensación te doy beneficios”, dijo

Al final del día, de acuerdo con Briones, los beneficios tributarios más que incentivar cosas nuevas (empleo e inversión), terminan más bien compensando por las debilidades y distorsiones de la economía ecuatoriana.

En esa línea, el informe del Banco Mundial apunta que en Ecuador se ha actuado erróneamente bajo la premisa de que dar beneficios tributarios ‘cambia el juego’ por sí solo.

Sin embargo, incluso en condiciones ideales, su impacto promedio en crecimiento es limitado.
El problema es que muchos países, incluido Ecuador, la utilizan como si fuera suficiente por sí sola, sin:

Mejorar educación.
Fortalecer infraestructura.
Resolver fallas institucionales.
Reducir la inseguridad y la violencia.
Eliminar o modificar de manera estructural las normativas que frenan la inversión y la generación de empleo.
Sin estos pilares, los incentivos pierden efectividad y se convierten en compensaciones.

2.- Ecuador apuesta a exenciones y descuida infraestructura, talento y producción

El informe del Banco Mundial identifica tres grandes tipos de herramientas de política industrial:

Insumos públicos (infraestructura, capacitación, parques industriales).
Incentivos de mercado (subsidios, aranceles, exenciones).
Intervenciones macroeconómicas.
Ecuador ha apostado casi exclusivamente por el segundo grupo, y dentro de este, por la forma menos efectiva: exenciones tributarias generalizadas.

Esto deja de lado herramientas clave como:

Formación de talento.
Acceso a mercados.
Infraestructura productiva.
Encadenamientos industriales.
Justamente las que corrigen fallas reales del mercado.

3.- Ecuador usa incentivos generales y sin condiciones: alto costo fiscal, bajo impacto real

El problema de fondo no es que Ecuador tenga política de incentivos tributarios, sino cómo la aplica. El informe del Banco Mundial advierte que muchos países en desarrollo fallan porque utilizan herramientas “toscas” en lugar de instrumentos precisos, y las exenciones tributarias encajan en ese patrón.

Este tipo de incentivos son generales, no selectivos, tienen efectos difusos en toda la economía, son difíciles de monitorear y aún más complicados de retirar. En la práctica, funcionan como un “martillo”, cuando lo que se necesita es un “bisturí”.

A esto se suma un segundo problema clave: la falta de condiciones. En una política industrial efectiva, los apoyos deben venir con exigencias claras: inversión, generación de empleo o aumento de exportaciones. Y si no se cumplen, el beneficio se retira.

En Ecuador, esto rara vez ocurre. El resultado es predecible: empresas que reciben beneficios sin necesariamente invertir más, incentivos que no cambian decisiones económicas reales, solo reducen costos, y un alto costo fiscal con bajo impacto.

La evidencia internacional es clara: los incentivos solo funcionan cuando son condicionados, monitoreados y evaluados. Sin eso, dejan de ser una herramienta de desarrollo y se convierten en gasto sin retorno.

  1. – El Estado ecuatoriano deja de cobrar impuestos sin asegurar nuevas inversiones

Uno de los problemas más críticos de los incentivos tributarios es que muchas de las inversiones que reciben beneficios se habrían realizado de todas formas.

Es decir, el incentivo no cambia la decisión empresarial: la inversión ya estaba prevista.
El informe del Banco Mundial advierte que las exenciones suelen medirse como si todo el beneficio otorgado generara nueva actividad, cuando en realidad representan una estimación “máxima” del impacto. En la práctica, esto sobrevalora su efectividad.

Traducido a lo concreto:

El Estado renuncia a recaudar impuestos.
Pero no necesariamente obtiene más inversión a cambio.
El resultado es un uso ineficiente de los recursos públicos. Se gasta. o mejor dicho, se deja de ingresar, sin lograr un efecto adicional real en la economía.

En términos simples, no se está incentivando algo nuevo, sino subsidiando algo que igual iba a ocurrir.

5.- Ecuador reparte incentivos sin priorizar sectores y diluye su impacto

Una de las fallas más claras es la falta de enfoque: no hay una estrategia definida sobre qué sectores impulsar. La evidencia internacional muestra que las políticas industriales funcionan mejor cuando identifican actividades con potencial, trabajan junto al sector privado en un proceso de “descubrimiento” y ajustan sus herramientas según resultados.

En Ecuador, los incentivos han sido en muchos casos:

Horizontales (para todos).
Sin priorización clara.
Sin articulación con productividad o exportaciones.
Esto diluye su impacto.

“Más que la cantidad de incentivos, el punto está en cómo se utilizan. En Ecuador, el peso de las exenciones no llega con focalización o seguimiento. El resultado es un costo fiscal alto con efectos limitados sobre la estructura productiva. Las futuras mejoras están en la calidad del diseño más que en el volumen de los incentivos”, dijo Sebastián Angulo, periodista y analista económico independiente. (JS)

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