El mes pasado, Loja alcanzó un hito global en materia de desarrollo sostenible. El proyecto local «Sistema Verde Urbano» fue seleccionado entre más de 300 postulaciones internacionales como uno de los cinco ganadores del premio otorgado por el prestigioso Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), bajo la temática «Impulsando Ciudades Saludables». Este reconocimiento destaca la estrategia de la urbe para transformar la calidad de vida de sus habitantes mediante soluciones basadas en la naturaleza.

El proyecto, concebido como una herramienta de planificación territorial a largo plazo, funciona a través de un modelo articulado de «núcleos» (grandes parques) y «conectores» (senderos, ciclovías y avenidas arborizadas). El objetivo principal es garantizar que cada ciudadano cuente con un espacio natural de proximidad a escasos 10 o 15 minutos de su hogar, promoviendo la regulación térmica, la mejora del aire y la mitigación de los efectos del cambio climático.

Un modelo de planificación y alianzas estratégicas
La iniciativa es el resultado de un esfuerzo conjunto e interinstitucional entre el Municipio de Loja, la academia a través de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), y el apoyo técnico de la cooperación alemana GIZ.

Alberto Rodríguez Freire, director de Gestión Ambiental del Municipio, explicó a LA HORA que este galardón no significa que el trabajo esté terminado, sino que valida una visión a futuro. «Buscamos recuperar la infraestructura verde local y transitar de áreas verdes convencionales a espacios estructurados con funciones ecológicas y de salud pública. Queremos aprovechar los espacios que antes se veían como residuales —márgenes de ríos, quebradas y bordes topográficos— para integrarlos a la planificación de la ciudad», señaló el funcionario.

Rodríguez adelantó que se sigue gestionando en la ciudad, como es el caso del proyecto macro que ya se ejecuta a escala barrial mediante la iniciativa «Bosques Urbanos», cuyo primer plan piloto arrancará en el barrio Las Palmeras, donde se realizará una reforestación con especies nativas, adecuación de espacios comunitarios y fomento de emprendimientos locales para disminuir el estrés urbano y las islas de calor.

La ciencia detrás de la «Ciudad Esponja»
Desde la perspectiva académica, el diseño del Sistema Verde Urbano responde a estándares de habitabilidad y resiliencia climática. Galina Segarra Morales, arquitecta y docente investigadora de la UTPL, destacó que Loja cumple de manera óptima con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al ubicarse cerca del rango de 9 a 15 metros cuadrados de área verde por habitante.
Segarra enfatizó que el proyecto tiene una proyección de consolidación a 20 años y que su diseño busca crear una «ciudad porosa o ciudad esponja», capaz de absorber las fuertes cargas pluviales y prevenir desastres naturales como aluviones o colapsos de puentes.

«El sistema tiene una visión multiescalar. No se limita al área urbana consolidada, sino que se extiende a las proximidades de la hoya de Loja para proteger las cuencas hídricas que alimentan a nuestros ríos y quebradas. Esto se logra manteniendo zonas de conservación y restauración con vegetación nativa», detalló la investigadora.


El impacto ciudadano: Salud, deporte y comunidad
Para los habitantes de la ciudad, el beneficio de este tejido verde se traduce directamente en bienestar físico y emocional. Agrupaciones civiles y colectivos deportivos experimentan las ventajas de los entornos recuperados, los cuales empiezan a llamar la atención de otras ciudades del país interesadas en replicar el modelo lojano.

María Dolores Ruiz, presidenta del Club Deportivo Parroquial Gacelas Running, manifestó que las áreas verdes humanizan la ciudad y generan entornos seguros para el deporte. «Quienes corremos vivimos la ciudad de forma distinta. Estos senderos y parques permiten respirar aire puro y construir comunidad. Aparte, es agradable saber que Loja fue reconocida con un premio internacional, el trabajo integral que se maneja en las áreas verdes es notorio en cada rincón, lo cual da bienestar tanto a la ciudad como a nosotros», acotó.

Por su parte, el ciclista Fernando Cabrera resaltó el factor seguridad que ofrecen los senderos ecológicos al estar libres de vehículos motorizados, protegiendo a los deportistas de la contaminación y los accidentes viales. «En los recorridos de fin de semana es notable ver cómo las familias se apropian de estos lugares. Sitios como el Parque Jipiro muestran una interacción social hermosa. El reto para las autoridades será seguir conectando las ciclovías urbanas», concluyó.

Con este reconocimiento internacional, Loja no sólo consolida su reputación como la capital ecológica de Ecuador, sino que establece un precedente de planificación urbana para la región. El desafío inmediato de la urbe radicará en sostener el financiamiento, fortalecer la seguridad en los corredores ecológicos y garantizar que la expansión de esta infraestructura verde mantenga el ritmo de su crecimiento ciudadano en las próximas décadas.

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