Aunque el Festival Internacional de Artes Vivas (FIAVL) culminó oficialmente el pasado 23 de noviembre, la ciudadanía aún percibe su presencia en la calle 24 de Mayo. Macetas, adornos y otros elementos urbanos instalados durante el evento continúan en este sector céntrico, generando inquietud entre conductores y comerciantes debido a la reducción de espacios de estacionamiento y cambios en la circulación vehicular.
Sin embargo, desde la organización del festival y el Municipio de Loja se aclara que esta permanencia no responde a un retraso en el desmontaje, sino a la implementación del Laboratorio Urbano #CallesVivas, un proyecto piloto planificado con sustento legal y técnico, orientado a promover el uso del espacio público y fortalecer una movilidad más sostenible.
Rodrigo Benavides, coordinador del FIAVL, explicó que esta iniciativa forma parte de una consultoría de aproximadamente 90 días, que se desarrolla entre noviembre y febrero. Durante este periodo se recopila información clave sobre movilidad peatonal, tráfico vehicular, uso del espacio y aceptación ciudadana.
“Lo que se está haciendo ahora es un laboratorio urbanístico que busca que la gente se apropie del espacio público. No es solo decoración, es una prueba para analizar cómo funciona la ciudad cuando se prioriza al peatón”, señaló.
El proyecto no se limita únicamente a la calle 24 de Mayo. También se ejecuta en la calle Rocafuerte y en otros puntos del casco céntrico, con la intención de que el festival trascienda sus 12 días de programación artística y deje efectos duraderos en la dinámica urbana de Loja.
Como parte del proceso, el laboratorio ha sido socializado con vecinos, comerciantes y usuarios de estos sectores, quienes han aportado observaciones y recomendaciones que fortalecen la construcción participativa del proyecto.
Según Benavides, la mayoría de aportes reflejan una aceptación ciudadanafavorable, especialmente en lo relacionado con la mejora del entorno peatonal.
No obstante, la medida ha generado opiniones divididas. Para algunos conductores, el impacto en la circulación es evidente.
“Ahora pasar por la 24 de Mayo es complicadísimo. Uno quiere estacionarse para dejar a alguien o hacer una diligencia rápida y no se puede. Además, con los elementos en plena vía se genera tráfico y todo se vuelve más lento”, expresó Carlos Maldonado, quien transita con frecuencia por la zona.
En contraste, otros ciudadanos valoran positivamente el cambio. Doña Patricia Castillo, residente del centro, considera que el ambiente es más agradable.
“A mí sí me gusta que siga decorado, todavía se siente un ambiente del festival y un poco navideño. Caminar por la Rocafuerte se siente diferente, no hay tanto carro y uno puede pasear con calma. Antes los vehículos pasaban rapidísimo y no se podía ni conversar”, comentó.
Benavides recordó que Loja ya vivió procesos similares durante la regeneración urbana, cuando se eliminaron estacionamientos en el centro, una decisión que inicialmente generó resistencia pero que con el tiempo fue aceptada. “La ciudad no ha cambiado en décadas, pero los vehículos sí han aumentado. No siempre se puede llegar en carro hasta la puerta de cada lugar; hay que repensar la movilidad”, enfatizó.
Al finalizar el periodo de evaluación, el Municipio de Loja analizará los datos recopilados para decidir qué intervenciones se mantienen, cuáles se ajustan y cuáles se descartan, en función de su impacto real en la ciudad y en la calidad de vida de sus habitantes.
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