Cuatro integrantes de este colectivo comparten sus historias de superación en el trabajo y en la vida diaria. Ellas modifican el imaginario que existía sobre el grupo en la construcción, la ciencia, la ingeniería y en el activismo.

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“Estoy aquí porque puedo, la mujer no es solo para la casa”

Lilia Ñamiña, de 31 años, trabaja desde los 13. Ella emigró desde Chimborazo hasta Quito.Lilia Ñamiña, de 31 años, trabaja desde los 13. Ella emigró desde Chimborazo hasta Quito. Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

Mi jornada empieza a las 04:00, me dirijo a la cocina y preparo el desayuno y almuerzo de mis hijos Magali (13) y Germán (8). Vivo en la Loma de Puengasí, sur de Quito. Antes de las 06:00 tomo el bus para dirigirme a mi trabajo, en la av. González Suárez, al norte de la ciudad.

Hace dos años y medio laboro en el área de la construcción, soy brigadista en el proyecto OH! de la empresa Uribe & Schwarzkopf. Empecé como oficial de albañilería; sin embargo, me he desempeñado como empleada doméstica desde los 13 años, cuando partí de mi natal Alausí.

Cuando era oficial limpiaba el material sobrante de las construcciones, acarreaba bloques, botaba escombros. Mi jornada terminaba a las 16:00, pues tenía que acudir a clases para culminar el bachillerato. Por ese esfuerzo me graduaré el próximo año, del colegio Quito.

Mi jefe vio en mí a una mujer sin temor, valiente, comedida y emprendedora, así alcancé el cargo de brigadista. Mi labor diaria es precautelar la seguridad de mis compañeros: verifico la utilización de cascos, guantes, chalecos y lo necesario para que laboren tranquilos.

¿Me he enfrentado al machismo en el trabajo? Por supuesto. No solo en este espacio. Antes mi esposo cuestionaba mi rol en la construcción. Recuerdo sus palabras: ‘Tú no eres hombre para esta labor’. Pero le contestaba que hombres y mujeres podemos desempeñar la misma función, quizá no levanto un quintal de cemento, pero construyo paredes y mezclo el cemento.

En el trabajo constantemente escucho por parte de mis compañeros frases como: ‘Yo de marido no permitiría que mi esposa trabaje donde hay muchos hombres’. Yo sonrío, no me afecta.

Aunque ellos no querían, yo logré insertarme en este espacio. Y los hice recapacitar: quizá algún día sus hijas, sus madres o sus hermanas tengan que trabajar como yo lo hago”. (I)

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“Esta lucha es nuestra, la violencia de género nos afecta”

Karla Yadira Rodríguez, de 53 años, es activista de la comunidad Trans del Ecuador y gestora cultural.Karla Yadira Rodríguez, de 53 años, es activista de la comunidad Trans del Ecuador y gestora cultural. Foto: John Guevara / El Telégrafo

”El 8 de marzo también es nuestra lucha. Soy una mujer transfemenina y al igual que nuestras compañeras cisgéneros, persona que se identifica con el género que nació, somos discriminadas a nivel social, económico y laboral. La gestión que emprendemos es por la igualdad de derechos y condiciones del colectivo transexual del país.

Esta fecha significa nuestra reivindicación como mujeres tranfemeninas, ques es una persona que no se identifica con el género que nació, no competimos, somos compañeras y debemos reconocernos en paridad, pues la violencia de género también afecta a la comunidad GLBTI.

Trabajo en una empresa de ingeniería eléctrica, cursé una carrera universitaria en esta área, no me gradué de mis estudios superiores, porque mi sueño es que en mi título esté mi nombre de Karla Yadira Rodríguez. Aún no contamos con todas las garantías para expresarnos con nuestra identidad femenina y que esta sea respetada.

Mi activismo empezó en 1977, antes de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador (en 1997), pues no contábamos con espacios de visibilización y nuestros derechos no eran respetados y nos perseguían.

Karla Yadira nació y se expresa desde 2002, fecha en la que conquistamos avances. En 2004 se hizo el primer congreso trans y ahora luchamos por cambiar nuestro género en la cédula de identidad.

La comunidad trans, desde hace más de 10 años, se ha cohesionado para que se garanticen nuestros derechos. Esta labor me llevó a presidir la organización Crisalis y formo parte del grupo de danza Ñuca Trans, con más compañeras trans.

Como mujeres trans femeninas somos parte del “techo de cristal, a nivel laboral significa que no tenemos las mismas garantías que el resto de la población. También carecemos de acceso a la salud y al trabajo. Muy pocas compañeras pueden educarse como mujeres trans”. (I)

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“Salgo y muestro que puedo desarrollar cualquier actividad”

Ana Lucía Yela, de 32 años, es ingeniera electrónica. Trabaja en una empresa de telecomunicaciones.Ana Lucía Yela, de 32 años, es ingeniera electrónica. Trabaja en una empresa de telecomunicaciones. Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

”Soy una de las 12 mujeres que trabajan en el área de la telecomunicación, de un total 120 empleados hombres en todo el país.
Para mí fue complicado acceder a un cargo en esta área. La mayoría de compañías vinculadas a esta profesión son petroleras y tienen sus instalaciones en la Amazonía, por ello hay preferencia por los hombres que puedan viajar o vivir en el lugar.

Sin embargo, en los últimos años esta situación ha cambiado. Esto se debe a que las mujeres demostramos que tenemos las mismas capacidades en todos los ámbitos. Ahora, nosotras sostenemos a nuestras familias y estudiamos y trabajamos simultáneamente.

Hace un año me desempeño en el área comercial de una empresa internacional que ofrece equipos de software. Me encargo de la documentación de los productos que ofrecemos a distintas empresas.

Creo que uno de los aspectos menos comprendidos y complicados es la familia. En repetidas ocasiones en las compañías no entienden la preocupación que puede causar, por ejemplo, un vástago enfermo.

Tengo un hijo de 13 años, de tamaño estándar a los demás. A veces se incomoda porque la gente no deja de mirarme, sin embargo, pienso que es una cuestión de actitud, pues yo no me cohíbo. Salgo al mundo y demuestro que puedo hacer cualquier actividad que me proponga.

Nací con acondroplasia, una afectación al crecimiento óseo de brazos y piernas. Para mí es complicado acceder a puertas, ventanas, escritorios, baños y lavabos. Siempre debo ingeniarme para alcanzar estos lugares.

Pero como mujeres debemos tener claro que somos iguales, sin importar las condiciones sociales, económicas, laborales o culturales. Mi sueño es seguir estudiando, hace cinco años me gradué de una maestría en dirección de operaciones y seguridad”. (I)

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“Nosotras podemos trabajar en la ciencia y tener una familia”

Valeria Ochoa es científica y docente de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ).Valeria Ochoa es científica y docente de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

”Soy coordinadora del colegio de Ingeniería Ambiental de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y cofundadora de la iniciativa Women In Science And Engineering (Wise).

Esta última surgió hace cuatro años, con el objetivo de promover la presencia de más mujeres científicas. Queremos visibilizarlas, dentro y fuera del país, y exponer sus investigaciones en esa área como matemáticas, ingenierías, física y otras. Deseamos que ellas, las científicas, sean un ejemplo y una inspiración para otras.

La idea es educar a la sociedad y que dejen de lado aquellos pensamientos que están preconcebidos o establecidos, por ejemplo, que nosotras no podemos hacer ciencia y a la vez tener una vida familiar o personal. Quiero decirles que sí podemos y lo hacemos muy bien.

Wise está conformada por 32 científicas. Las mujeres enfrentamos distintos desafíos en la academia, por eso trabajamos en ciertos temas.

Uno de ellos es incrementar la presencia del colectivo en carreras de ciencias e ingenierías. Por ese motivo, el año pasado entregamos una beca del 100% a una colegial, 15 estudiantes participaron por esa subvención y en este año tenemos 62 aspirantes, las becas se entregarán en un evento oficial en abril.

Otro tema en el que estamos enfocadas es en el mejoramiento de las condiciones laborales: las mujeres aportamos a la ciencia y a la academia, pero necesitamos ambientes adecuados. En el caso de Latinoamérica, el 45% de mujeres son científicas e investigadoras.

En el mundo hay un fenómeno denominado ‘techo de cristal’. Este consiste en las dificultades que existen para que las mujeres tengamos un ascenso en nuestra profesión, a nivel acedémico y laboral. Para que esto cambie debemos empezar desde la escuela con los niños, enseñarles a ellos que todos somos iguales”. (I)

Las mujeres cambian prejuicios creados en el ámbito laboral

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Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/mujeres-prejuicios-ambito-laboral-ecuador

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