El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) emitió una de las proyecciones más alarmantes tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el 24 de junio. Su sistema de evaluación rápida estima que el número de víctimas mortales podría situarse entre 10.000 y 100.000 personas, aunque la cifra todavía no corresponde a un balance oficial.
Su sistema automático de evaluación PAGER calcula que existe una alta probabilidad de que el desastre deje miles de fallecidos. Entre los escenarios analizados, el más preocupante ubica el número de víctimas entre 10.000 y 100.000 personas, una estimación preliminar basada en modelos científicos y no en conteos oficiales.
¿De dónde sale esta estimación?
La proyección no corresponde a un conteo de cuerpos recuperados.
El USGS utiliza su sistema PAGER (Prompt Assessment of Global Earthquakes for Response), una herramienta que combina información sobre:
- Magnitud e intensidad del sismo.
- Profundidad y ubicación del epicentro.
- Densidad de población expuesta.
- Calidad y vulnerabilidad de las edificaciones.
- Probabilidad de colapso estructural.
Con esos datos, el sistema genera distintos escenarios de impacto humano y económico para orientar la respuesta internacional durante las primeras horas posteriores a un terremoto.
Las cifras oficiales siguen siendo provisionales
Aunque el modelo prevé un escenario extremadamente grave, las autoridades venezolanas mantienen un balance oficial mucho menor mientras avanzan las labores de búsqueda.
Hasta las primeras horas posteriores al desastre se habían confirmado decenas de fallecidos y cientos de heridos, pero miles de personas permanecían desaparecidas y numerosos edificios seguían colapsados, por lo que las cifras continúan en actualización.
Un doble terremoto poco frecuente
Los especialistas describieron el fenómeno como un «doblete sísmico».
El primer terremoto alcanzó una magnitud de 7,2 y, apenas segundos después, un segundo sismo de 7,5 volvió a sacudir la misma zona, unos 160 kilómetros al oeste de Caracas. Este tipo de eventos incrementa considerablemente el riesgo de colapso de edificaciones ya debilitadas por el primer movimiento.


