Keiko Fujimori, candidata presidencial del partido político Fuerza Popular (de derecha), y Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú (de izquierda), medirán su respaldo el 7 de junio de 2026.
Ese día se desarrollará el sufragio de segunda vuelta para definir quién asumirá el mandato presidencial de Perú para el periodo 2026-2031.
Tras la primera vuelta, Fujimori alcanzó el 17,18% de votos y Sánchez logró el 12,04%.
¿En el Perú hay una fragmentación del voto o una polarización?
Giovanna Peñaflor, analista política de Perú y gerente de la encuestadora Imasen, resume que los resultados de la primera vuelta reflejan un empate estadístico; una diferenciación entre Lima, la capital, y el interior del país; la existencia de un importante porcentaje de personas indecisas o muy insatisfechas con Fujimori y Sánchez.
“Son opciones minoritarias. Si se considera que en el padrón electoral del Perú hay 27 millones y que entre los dos candidatos suman 5 millones de votos, estamos hablando de que alrededor de un 20% de los ciudadanos peruanos han respaldado ambas opciones”, explica la experta.
Ejemplifica que en Perú no pasa lo mismo que en Colombia donde los candidatos presidenciales de segunda vuelta alcanzaron votos por sobre el 40%, respectivamente. “En Perú, más que polarización, tenemos una fragmentación”.
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez fueron los perfiles que pasaron a segunda vuelta de entre 35 candidatos presidenciales que participaron en la primera vuelta, el 12 de abril de 2026.
Para Javier Gutiérrez Ruiz, consultor político y director ejecutivo del Instituto de Comunicación Política y Gobierno de Lima, los resultados de primera vuelta “fueron bastante estrechos”. Dice que la cantidad de candidatos presidenciales “conlleva a que haya mucha fragmentación del voto”. Pero, contrario a Peñaflor, considera que sí existe un escenario polarizado por las tendencias políticas a las que representan los candidatos.
Lo explica: “Fujimori representa a las fuerzas de derecha, en general, también debido al pasado histórico de su partido y a la influencia de su padre (Alberto Fujimori) cuando fue gobernante del país. Sánchez representa a una izquierda que en muchos casos es tildada como radical, realmente es una izquierda socialista. El escenario está super polarizado”.
Pero califica a Sánchez como un enigma porque dio un giro en su nuevo plan de trabajo presentado el 1 de junio. El candidato destacó el consenso durante una rueda de prensa.
“Se pone la piel de oveja para ocultar su trasfondo de radicalismo, existen dudas sobre cuál es el verdadero Roberto Sánchez en caso de ganar”, menciona el consultor.
Peñaflor avizora un “resultado abierto” para este domingo y no descarta que Sánchez pueda ganar: “Podría producirse una movilización de votos en estos días, además la primera vuelta ya ha mostrado una gran volatilidad del electorado”.
Evalúa que ni Fujimori ni Sánchez han mostrado una visión para el país: “Han sido bastante mediocres en sus propuestas y no reconocen que el país necesita cambios profundos. El peruano quiere estabilidad política”.
¿Qué pasaría con Ecuador si gana Fujimori o Sánchez en Perú?
Peñaflor dice que la política internacional de Perú no ha tenido un liderazgo claro, sino que se ha sumado a las corrientes de derecha, por ejemplo, durante el Gobierno de Dina Boluarte, que ascendió al poder tras el intento de golpe de Estado fallido del expresidente Pedro Castillo (de izquierda).
“Eso de alguna manera se reafirmaría en el caso de que Keiko Fujimori gane, que además tiene poca afinidad con los espacios internacionales relacionados con la defensa de los derechos humanos”, resume.
Pero, plantea que “cualquiera que gane la Presidencia de Perú debería buscar un acercamiento al Gobierno de Daniel Noboa porque hay la necesidad de políticas latinoamericanas”. Pero si gana Sánchez no sería posible hablar de una posición latinoamericana ni de un “giro más cooperativo” en materia de seguridad, agrega Peñaflor.
Gutiérrez ve que el Gobierno de Noboa se ha caracterizado por un pragmatismo acentuado, “tiene objetivos muy claros, sobre todo con sus vecinos limítrofes al buscar cooperación o establecer normas estrictas que ayuden en el combate al narcotráfico y a incrementar la balanza comercial”.
Sin embargo, el consultor plantea que, en el caso peruano, contrario al caso colombiano, Noboa podría tener otra actitud.
“Tal vez la relación con una presidencia de Fujimori podría ser más estrecha y haber el establecimiento de vínculos más formales y más directos para cumplir con estos objetivos antes mencionados. Pero si tomamos en cuenta que Noboa tiene buenas relaciones con un gobierno de izquierda como el del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no podríamos confirmar de plano que exista una mala relación si gana Sánchez”, resume.
Para Gutiérrez hay un aspecto que está claro: “De ganar Fujimori, Perú pasará a formar parte del eje de derechas que está conformado por Argentina, Chile, El Salvador, bajo el paraguas de Estados Unidos”.
Tanto Peñaflor como Gutiérrez señalan que en Perú se ha establecido una lógica de votar por el “mal menor” y no hay interés en las elecciones.
¿Para una política pragmática, no es relevante quién gobierne?
Santiago Carranco, docente y coordinador del Laboratorio de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador, considera que Ecuador debe mantener una política exterior pragmática a mediano y largo plazo.
“Tiene que importarnos cero o nada quién esté en la Presidencia, de derecha o de izquierda, nuestra posición no puede cambiar porque somos socios estratégicos, compartimos cuestiones fronterizas, de ecosistemas económicos y una serie de otras cuestiones”, subraya.
Sin embargo, observa que Noboa podría compaginar más con Fujimori como mandataria, que con Sánchez.
“Si Noboa está manteniendo una política pública que es más consonante con lo que propone Fujimori, se pueden hacer políticas públicas similares, como la construcción de cárceles y de militarización en fronteras. Pero otro tipo de políticas, más sociales, las puede proponer Sánchez, con las cuales Ecuador tal vez no compagine de la mejor forma”, resume Carranco.
Perú tiene una macroeconomía fuerte, pero la propuesta de Sánchez de hacer un cambio constitucional no tendría apoyo de los peruanos porque lo que ha sostenido esta macroeconomía es esa Constitución de 1993, que es fujimorista. Keiko Fujimori también tiene una posición extrema cuando ha planteado sacar a Perú del Pacto de San José (Convención Americana sobre Derechos Humanos), señala Carranco. “Eso es algo que Ecuador no puede aplaudir”, concluye. (KSQ)


