La suspensión de actividades por parte de las cooperativas de buses ha obligado a los lojanos a caminar largas distancias y asumir gastos excesivos en taxis, lo que eleva drásticamente la expectativa social a las puertas de que el Cabildo local emita mañana su veredicto definitivo sobre el posible incremento de la tarifa del pasaje.
Para los habitantes que dependen exclusivamente del transporte público, la ausencia de las unidades no solo representa una dificultad logística de traslados, sino un perjuicio socioeconómico inmediato que ha dejado al descubierto la profunda vulnerabilidad de los usuarios.
El sector estudiantil es uno de los más perjudicados por la falta de unidades, especialmente quienes deben cruzar la ciudad de extremo a extremo para asistir a sus centros de educación superior. Ángela Poma, estudiante de la Universidad Nacional de Loja, relató el tremendo desgaste que significa vivir en el norte de la ciudad y tener que trasladarse hasta el campus universitario situado en el sur.
Explicó que el colectivo es un recurso vital para el día a día de los jóvenes y que, ante la suspensión actual, se ven obligados a recurrir a servicios de plataformas digitales o taxis convencionales cuyas tarifas oscilan entre los $3.50 y $4.00, valores que resultan completamente inaccesibles para el presupuesto de un estudiante. Para Poma, el restablecimiento del servicio de buses es fundamental, ya que representa la única vía para ahorrar dinero, movilizarse constantemente y cumplir de forma adecuada con sus actividades académicas y prácticas.
La paralización también ha desconfigurado por completo la planificación del tiempo y la estabilidad de quienes realizan actividades laborales o trámites diarios en la ciudad. Yamilet Jiménez explicó que la falta de unidades la obligó a modificar drásticamente sus horarios, teniendo que salir mucho más temprano de casa para poder avanzar a pie si no tiene apuro, o resignándose a pagar taxi cuando el tiempo apremia.
En el aspecto económico, Jiménez señaló que un viaje corto en taxi le cuesta lo equivalente a cuatro pasajes de bus, un gasto extra que se siente con fuerza al finalizar la semana. A esto se suman las complicaciones del clima lojano; la usuaria comentó que la necesidad de hacer transbordos bajo la lluvia genera un enorme estrés, provoca que la gente se moje y cause retrasos generalizados debido al colapso vial y a la notable escasez de taxis disponibles en las calles.
La indignación de los lojanos va más allá del desabastecimiento temporal, pues existe un firme rechazo ante la sola posibilidad de que las autoridades municipales autoricen un alza en el costo del pasaje, argumentando que la calidad del servicio que reciben habitualmente es deficiente.
La ciudadana Andrea Vargas calificó la medida adoptada por los choferes como una decisión desacertada que afecta directamente a los hogares con niños en edad escolar, jóvenes colegiales, universitarios y, de manera crítica, a los adultos mayores que necesitan movilizarse hacia clínicas y hospitales.
Al no contar con recursos suficientes, la ciudadanía debe caminar o pagar taxis que, en sectores periféricos y distantes como Sauces, duplican el valor de la carrera aprovechándose de la emergencia. Vargas hizo un llamado a que el Cabildo no apruebe la subida del pasaje, argumentando que las familias no tienen de dónde sacar ni un centavo más y denunció que el servicio actual no justifica un incremento, ya que los conductores suelen ignorar el botón de parada, dejan a los pasajeros donde quieren o los dejan desamparados en las vías.
Finalmente será la Alcaldesa y el cuerpo de concejales quienes tengan la última palabra en el Salón de Coordinación, debiendo definir si atienden las exigencias económicas de la transportación o si priorizan la protección del bolsillo de los habitantes lojanos.


