La Vía Lateral de Paso Ángel Felicísimo Rojas, proyectada originalmente como el principal eje de desahogo vehicular para la ciudad de Loja, atraviesa hoy una crisis estructural que pone en entredicho su utilidad a largo plazo. Lo que debería ser una conexión fluida entre la Sierra, la Costa y el Oriente, se ha transformado en un trayecto accidentado donde los hundimientos y la inestabilidad del terreno ganan terreno frente a la ausencia de intervenciones técnicas definitivas.
Esta situación no solo afecta la conectividad regional, sino que ha empezado a socavar profundamente la calidad de vida de los moradores y la estabilidad económica de los emprendimientos que se asientan a lo largo de sus márgenes.
Para los ciudadanos que utilizan esta infraestructura para actividades recreativas, la realidad es alarmante. David Pineda, morador del barrio San Francisco de Obrapía, ha sido testigo de la involución de la vía durante los últimos once años. Según su relato, existen tramos críticos, como el sector adyacente al barrio Ciudad Victoria, donde las deformaciones de la calzada obligan a los deportistas y peatones a caminar con extremo cuidado para evitar lesiones físicas.
Pineda destaca que en puntos como el Puerto Seco, la situación es aún más grave debido a la acumulación de aguas que emanan olores fétidos y a una evidente falta de mantenimiento en zonas donde el terreno parece ceder de forma constante, provocando incluso que algunas viviendas del sector presenten inclinaciones peligrosas en sus estructuras.
Desde la perspectiva empresarial, el impacto es igualmente devastador. Manuel Romero, gerente general de la empresa cafetalera Indera, señala que el tramo comprendido desde el Puerto Seco es prácticamente intransitable para vehículos livianos, lo que ha provocado un aislamiento comercial de la zona. Romero explica que los clientes, al verse imposibilitados de transitar por los enormes baches y desniveles del concreto, optan por rutas alternativas o cancelan sus visitas, afectando directamente los ingresos de restaurantes y cafeterías.
Esta problemática se agrava durante el invierno, cuando el agua oculta los desperfectos de la vía, ocasionando que los automóviles sufran daños mecánicos severos, como la rotura de neumáticos al caer en los desniveles que se forman en el pavimento rígido.
La crisis vial también ha generado un incremento en los costos operativos y logísticos para los comerciantes. Al ser una vía de difícil acceso, los servicios de transporte como taxis han incrementado sus tarifas, y la logística para el traslado de insumos desde el centro de la ciudad se ha vuelto más compleja y costosa.
Por su parte, Luis Morocho, conductor del tramo vial, fue enfático en mencionar que la vía no ha tenido una resolución sería por parte de las autoridades, aparte, acota que los gastos que se realiza en los automotores, cada vez son más frecuentes. “Lamentablemente tenemos que vivir esta realidad, los que tenemos auto debemos ir con toda la precaución, en especial cuando llueve, porque puede que el auto se quede atascado en el agua o que se nos dañen las llantas”, acotó.
Ante este escenario, los afectados hacen un llamado urgente a las autoridades para que realicen una intervención responsable y conjunta. Advierten que, de no tomarse medidas inmediatas, esta vía vital para el turismo y el comercio no solo seguirá destruyendo el patrimonio de quienes invierten en la ciudad, sino que en pocos años podría quedar totalmente obsoleta, dejando a Loja sin uno de sus ejes de articulación más importantes.FM


